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Un soldado británico vigila un oleoducto en la ciudad iraquí de Basra.
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Nadie sabe con completa certeza cuánto petróleo se produce en el mundo, ni cuánto se consume. Nadie entiende con precisión cómo determinan el precio global del hidrocarburo quienes venden y compran barriles de petróleo. Nadie puede explicar con exactitud a qué se debe el impresionante aumento del precio del petróleo.
Algunas de las causas a las que los medios y los políticos les adjudican la responsabilidad son: el petróleo se está agotando (se está cumpliendo la teoría del Pico del petróleo u Oil Peak, que supone que cuando la producción de petróleo llegue a su ápice, seguirá un rápido período de encarecimiento y disminución de las reservas hasta su agotamiento), Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadinejad están conspirando contra el mundo, la OPEC quiere establecer un Nuevo Orden Mundial al negarse a incrementar significativamente su oferta, los especuladores han inflado los precios en el mercado, la crisis financiera estadounidense y la debilidad del dólar (algunos estiman que la devaluación del dólar es responsable del aumento del precio del petróleo hasta un 35%) han creado un estado de incertidumbre y crisis económica planetaria, un sabotaje ecologista, China y la India exigen cada día más petróleo (hay quienes estiman que entre 2000 y 2007 la demanda de petróleo ha aumentado en nueve millones de barriles por día), una nueva guerra contra Irán amenaza con terminar de incendiar a la región más rica en petróleo del mundo.
A estos factores que pueden o no tener un efecto en el gigantesco aumento del precio del hidrocarburo debemos añadirle la "psicología de la escasez", que como la define Daniel Yergin, consiste en las expectativas de la gente al respecto de un bien tan precioso como este y las acciones impulsivas que se toman al respecto. El precio del petróleo, como cualquier otra mercancía, se regula por la oferta y la demanda. La especulación es una parte relativamente normal y legal del funcionamiento de los mercados, ya que comprar los futuros de un bien o mercancía equivale a apostar a que su precio aumentará o disminuirá.
Ahora bien, la guerra, invasión y destrucción del país con la segunda reserva petrolera del planeta parece ser una buena explicación, por lo menos parcial, de las recientes alzas del barril. Al inicio de la guerra, el barril de petróleo costaba alrededor de 27 dólares (que equivalen a 32 dólares de la primera mitad del 2008). En 2004 el precio era $42 (en dólares de ahora), $52 en 2005, $60 en 2006, y $65 en 2007. Pero de ahí dio un salto brutal a $140 que no puede explicarse únicamente en términos de oferta y demanda.
Cualquier observador malicioso podría pensar que los gigantes petroleros y financieros están beneficiándose en grande de la situación de caos, tumulto, inseguridad y conflicto por la que pasa el planeta. El presidente de la OPEC, Chakib Khelil, afirmó el 24 de junio del 2008, que no había escasez de petróleo: "Desde el punto de vista de los productores, en lo que respecta a lo fundamental, tenemos un equilibrio entre oferta y demanda".
Y como pregunta Ismael Hossein-Zadeh: ¿Por qué el secretario de energía de los Estados Unidos dice que hay un problema de oferta y demanda que no existe?. Lo que es evidente es que cada vez que los EE.UU. o Israel amenazan a Irán, el precio del petróleo sube considerablemente. ¿Puede imaginarse un sistema más eficiente para incrementar ganancias? Mientras tanto, una de las últimas acciones del gobierno de Bush (la administración con más vínculos, compromisos y relaciones con la industria petrolera en la historia) ha sido tratar que se levante la prohibición de extraer el petróleo de la mayoría de las costas estadounidenses. La promesa es que esos recursos podrán abaratar el petróleo. Esto es absurdo desde cualquier punto de vista: no solamente harían falta años para explorar, construir plataformas y desarrollar la infraestructura para poder usar ese petróleo, sino que ese petróleo sería tan sólo una gota más en la producción mundial y por tanto estaría sujeto a los precios internacionales, sin afectarlos de manera perceptible.
El 30 de junio de 2008, la atropellada e insensata guerra e invasión estadounidense y británica de Irak alcanzó su verdadero objetivo, cuando se firmaron algunos contratos entre el gobierno iraquí y varias compañías petroleras (Exxon Mobil, British Petroleum, Shell, Total -los miembros originales de la Iraq Petroleum Company- y Chevron, así como varias compañías pequeñas) para desarrollar y explotar los principales yacimientos de petróleo de ese país.
La firma de estos contratos, que contó con la asesoría del Departamento de Estado, tuvo lugar cuando el precio del petróleo alcanzó altísimos niveles, sin precedente, y los ataques en contra de los oleoductos habían disminuido debido al cambio de estrategia de las diferentes facciones (y no al aumento de tropas estadounidenses, como quiere creer la administración Bush). Pero, principalmente, se firmaron antes de que el flamante Congreso iraquí hubiera aprobado la Ley del petróleo, que supuestamente protegería al país de caer en garras de empresas especuladoras y carroñeras, que pudieran extorsionar o sobornar a líderes veleidosos, incompetentes o traidores para aceptar contratos sin concursos.
Los contratos tienen una duración de apenas dos años, pero dan a las empresas la posibilidad de insertarse en el sistema e igualar cualquier propuesta futura en todo concurso, con lo que esencialmente pueden eliminar a cualquier competidor. Casi desde el inicio de la invasión, las petroleras habían estado asesorando de manera ¿altruista¿ al ministerio del petróleo iraquí. Hoy éstas prometen modernizar la ruinosa industria iraquí, decrépita por años de sanciones internacionales, mala administración y la devastación de las guerras; dicen que en 6 meses aumentarán la producción a 3 millones de barriles diarios (medio millón más que hoy) y llegar a un nivel de 6 millones en algunas décadas. Las petroleras obtendrán ganancias gigantescas de estos contratos ya que el pago ha sido negociado en petróleo y no en dinero.
La administración Bush afirma que ha asesorado al gobierno títere de Al Maliki en materia de electricidad, educación, y que este es sólo un campo más en el que han ofrecido consejos, pero que la decisión de elegir a estas petroleras para extraer el bien más precioso que tienen fue únicamente de los iraquíes. "No hay conflictos de intereses", declaró un oficial anónimo al New York Times ('U.S. Advised Iraqi Ministry on Oil Deals', de Andrew Kramer, 30/6/08). La guerra e invasión estadounidense han provocado un éxodo de millones de iraquíes, principalmente profesionistas, por lo que según la Casa Blanca, la ayuda de las petroleras era indispensable. Pero casualmente, sólo empresas Occidentales obtuvieron grandes contratos, por encima de otras 46 petroleras, incluyendo compañías rusas (como Lukoil, que conocen bien el terreno y tenían contratos, o "memorandums de entendimiento" con Hussein), chinas y hindúes. Así, los gigantes del petróleo que hace 36 años fueron expulsados de Irak tras la nacionalización del petróleo están finalmente de regreso, en un retorcido giro de la justicia.
naief.yehya@gmail.com
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» Entre lo tecnológicamente factible y lo legalmente inaceptable