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Reuters
Ingrid Betancourt durante una conferencia de prensa en Bogotá, luego de su liberación. Ahora, habrá que preguntarse cuáles serán las consecuencias del rescate y cuál su futuro político.
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Javier Darío Restrepo
desde Bogotá, Colombia
"No sentí alegría ni rencor, más bien compasión, dijo Ingrid Betancourt al recordar el momento en el que, en el helicóptero blanco, agentes del ejército que se habían hecho pasar por personal de un grupo humanitario derribaron, desnudaron y esposaron a dos guerrilleros, uno de ellos el comandante César, su carcelero, cruel e implacable. La operación cinematográfica, de una impecable limpieza (no se disparó un tiro), dejó libres a quince secuestrados, entre ellos, Ingrid Betancourt y tres contratistas de Estados Unidos. Apenas repuestos de la sorpresa y de la alegría de este rescate inesperado, los colombianos han comenzado a hacerse preguntas sobre sus consecuencias.
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¿Cómo incidirá este hecho en la política nacional? Muchos creen que el gran ganador es el presidente Alvaro Uribe. Horas después del rescate se conoció que la Corte Suprema había descartado la posibilidad de revisar el acto legislativo que abrió la posibilidad de la reelección. Al darse a conocer esa decisión, el pueblo colombiano ratificó su convicción sobre el doble triunfo de Uribe en la jornada de ayer: en las selvas y en la Corte.
También se preguntaron sobre la situación del presidente venezolano Hugo Chávez, quien hasta ayer se ufanaba de su condición de carta indispensble para el intercambio humanitario y para la liberación de los secuestrados. Tanto el presidente venezolano como su aliada colombiana, la senadora Piedad Córdoba, "quedaron sin trabajo", según la gráfica expresión de un comentarista de televisión. Este rescate no le ha generado al gobierno colombiano deuda alguna con su ruidoso vecino, como sí había ocurrido en las anteriores liberaciones, cuyo crédito había reclamado Chávez.
Otra pregunta inquietó a los colombianos en medio de la euforia de ayer, una sobre el futuro político de la recién liberada Ingrid Betancourt. Fue secuestrada hace seis años como candidata a la presidencia y regresa, al parecer, para reasumir esa condición. No se necesitan muchos análisis para concluir que Ingrid se convirtió en una candidata fuerte para un electorado que ama los héroes y los mártires. Ingrid reúne esas dos privilegiadas condiciones. Y manifiesta saberlo: ante una pregunta sobre su posible arrepentimiento por el viaje a San Vicente del Caguán hace seis años que culminó con su secuestro, ella sostuvo que a pesar del dolor que esa decisión le produjo, su experiencia fue tan valiosa que hoy repetiría ese viaje.
Durante las principales acciones del regreso de Ingrid y de los otros catorce liberados fue notoria la omnipresencia del ministro de Defensa Juan Manuel Santos, registrada por los medios de comunicación. Fue el mismo ministro quien dio el primer parte de triunfo a una sorprendida opinión pública que, desde ese momento, lo vinculó a la exitosa operación. ¿Incidirá este rescate en la consagración de este ambicioso político como candidato presidencial? Aunque muchos no lo quisieran, pocos lo dudan: Juan Manuel Santos será candidato presidencial.
El otro interrogante es doloroso: ¿cuál será la suerte de los secuestrados que quedan en poder de las Farc? El engaño con que fueron rotos los anillos de seguridad será respondido con un reforzamiento de las medidas de seguridad, con el muy probable fusilamiento de los guerrilleros engañados y con el alejamiento de las posibilidades de liberación de los secuestrados. Las gestiones humanitarias quedarán signadas con desconfianza, de modo que se intensificará el aislamiento de estos secuestrados. Son personas que tendrán que pagar con mayores rigores la libertad de los que ayer abandonaron su "cárcel verde".
Uno de los comentarios más repetidos ayer tiene que ver con el impacto de este rescate en las Farc. La purga interna es una posibilidad, el debilitamiento irremediable, al comprobarse la porosidad de la organización, es otra posible consecuencia; la victoria definitiva del ejército colombiano sobre la antigua y poderosa guerrilla es el anuncio triunfalista que más se ha escuchado. ¿Acelerará este hecho un proceso hacia una paz negociada? Es un hecho ratificado por los liberados que las Farc sortean severos problemas logísticos de abastecimiento, y que su moral y disciplina internas están debilitadas. Pero de ahí a concluir que están derrotadas... Esa no parece ser una conclusión realista. Aún se empeñan en buscar apoyo externo y un reconocimiento político internacional; por tanto, una solución negociada se ve distante. El escenario sigue ocupado por las armas y los guerreros. Y por la inteligencia militar.
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