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Cortesía
El escritor, abogado y filólogo Jorge Volpi.
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Pablo E. Chacón
Buenos Aires, Argentina
Jorge Luis Volpi Escalante nació en el Distrito Federal mexicano en 1968. Escritor, abogado y filólogo, también fue uno de los ideólogos de "la generación del crack", que se presentó en sociedad en 1996, con un manifiesto firmado por el propio Volpi y sus amigos Ignacio Padilla, Vicente Herraste, Ricardo Chávez Castañeda y Pedro Ignacio Palou, entre otros. Llamaban a una revolución copernicana en la literatura de su país, entendida como distrital y poco cosmopolita. Volpi se ganó cantidad de enemigos, pero también cantidad de lectores. Aprovechando su estadía como agregado cultural de la embajada de México en Francia, se dedicó encarnizadamente a estudiar los fundamentos de mayo del 68 y escribió un ensayo al respecto. Sus libros son siempre éxitos editoriales, y su apasionamiento por las ciencias, de larga data; pero sus novelas, de lenguaje distante y frío, según cierta crítica, le han traído comparaciones acaso odiosas (con Umberto Eco, por ejemplo, en su papel de novelista), y su espíritu renacentista, una demoledora definición del extinto Guillermo Cabrera Infante: "literatura de ciencia-fisión".
El crítico Christopher Domínguez Michael escribió que "la habilidad política de Volpi (y su generosidad) le permitieron arrear, en mi opinión a manera de fardo, con el resto de sus cómplices del crack, que tuvieron ediciones españolas y traducciones a otras lenguas, a través de las compras en paquete que actualmente realizan los monopolios internacionales de la edición". Sea como fuera, En busca de Klingsor, de 1999 (Premios Biblioteca Breve, Deux Océans y Grinzane Cavour), lanzó al escritor al mercado internacional. Esa trilogía se completó con El fin de la locura, de 2003, y No será la tierra, de 2006. Publicó también La paz de los sepulcros, de 1995, El temperamento melancólico, de 1996, Sanar tu piel amarga, de 1997, y los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968, de 1998, y México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria, con Denise Dresser, de 2006. Desde su estudio en la capital azteca, sostuvo este diálogo exclusivo con Terra Magazine.
Entrevista
Terra Magazine: Los materiales que trabaja en sus ficciones no parecen fáciles de "adaptar", incluso si el lector es alguien informado. Sin llegar a ser novelas de género, ¿existe una metodología que permita hacer comprensible los conceptos de guerra bacteriológica, fin de las ideologías, biotecnología, inteligencia artificial, etcétera, y llamar la atención, en una trama novelesca, sobre las esperanzas y peligros que corre el mundo actual?
Volpi: Bueno, yo siempre he creído que era posible comprender los conceptos fundamentales de la ciencia sin ser científico. La ciencia es una parte indispensable de la cultura y no debemos dejarla de lado. En ese sentido, la novela es uno de los pocos instrumentos que aun permiten cierto ideal renacentista de unir las distintas artes y disciplinas. Es la manera de hacer ver cuánto importa el conocimiento en las vidas de los personajes.
Terra Magazine: En una entrevista, usted nombra al científico norteamericano Daniel Dennett y a su libro sobre la necesidad de entender la lógica de supervivencia de la religión. ¿Podría extenderse sobre su interés en este autor y en la temática que trata ese volumen?
Volpi: Dennett ha sido un autor fundamental para mí desde que empecé a planear No será la Tierra. Sus libros La idea peligrosa de Darwin o Romper el hechizo son de lo más estimulante que he leído: con una perspectiva clara y transparente, y profundísima, permite explorar temas relacionados con la conciencia, la biología o la mente, con rasgos siempre innovadores. La idea de introducir la evolución y los genes en mi novela, como metáforas de todo el comportamiento humano, proviene directamente de su lectura.
Terra Magazine: ¿Es posible que esta suerte de temple apocalíptico, por llamarlo de alguna manera, que caracteriza a una zona de su narrativa, sea una herencia bastarda de los sucesos de mayo del 68, a los que ha prestado voz en más de una oportunidad?
Volpi: Nunca lo había pensado. Pero creo que es la consecuencia de llevar al extremo una vocación crítica que me parece central en la vida. Y eso a veces, inevitablemente, lleva a la nada.
Terra Magazine: A cuarenta años de aquellos sucesos, ¿qué piensa usted de esos ideales caídos, o tumbados, qué herencia quedó en la política contemporánea de todo aquello, y cuál es su opinión sobre el imparable avance de la técnica sobre el mundo social? ¿La literatura tiene obligación de contar este nuevo relato?
Volpi: Aquél resultó un momento brillantísimo, lleno de dolor y de esperanzas. Lo que más se extraña de esa época es el entusiasmo, la idea de que en efecto un mundo mejor era posible. Ahora nos hemos resignado a que el libre mercado algún día lleve el bienestar a las capas más bajas de la sociedad, algo que tranquiliza nuestras conciencias pero no ocurre.
Terra Magazine: Hablemos de sus autores favoritos, del pasado y del presente, de los que han sido sus maestros; también de la utilidad de la filología a la hora de ponerse frente a la hoja en blanco. Si se interesa por algún escritor argentino contemporáneo, no deje de nombrarlo, por favor.
Volpi: Thomas Mann, Robert Musil, Hermann Broch, Leon Tolstoi, Dante... Y de los argentinos me gustan Abelardo Castillo, Ricardo Piglia, Juan José Saer... De los más jóvenes, Eduardo Berti, Rodrigo Fresán, Martín Kohan, Gonzalo Garcés, Marcelo Birmajer...
Terra Magazine: ¿Hay menos intercambios y préstamos culturales entre los latinoamericanos, si es que antes no están legitimados por alguna editorial española? ¿Esto es así? Y si fuera así, ¿cuál es tu opinión al respecto?
Volpi: Es absolutamente así. Es una de las grandes tragedias de nuestra época. Si insisto en que América Latina no existe, es porque sus vidas intelectuales apenas se encuentran para dialogar.
Terra Magazine: Dos de los más grandes escritores en lengua castellana han sido Octavio Paz y Jorge Luis Borges. ¿Han dejado herederos, o ellos se las arreglaron para clausurar toda herencia, al contrario que Cortázar, García Márquez, José Donoso, etcétera?
Volpi: Borges sigue influyendo en nuestra manera de encarar la literatura y el mundo, y eso aunque no lo queramos. Y pasa en todo el mundo. La influencia de Paz es más limitada, pero su temperamento crítico y autocrítico sigue siendo esencial en México; no sé si ocurre lo mismo en otras partes.
Terra Magazine: La última: su opinión sobre la narrativa mexicana actual (Xavier Velasco, Mario Bellatin, Naief Yehya...).
Volpi: Además de mis amigos del crack, admiro y aprecio a Bellatin, David Toscana, Cristina Rivera Garza, Pablo Soler Frost y a varios más jóvenes que ya han empezado a producir obras notables, como Luis Felipe Lomeli.
Terra Magazine