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AP
El presidente estadounidense Barack Obama con el presidente colombiano Alvaro Uribe, quienes condenaron el lunes el golpe de estado en Honduras.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
A pesar de que el gobierno estadounidense ha condenado largamente el golpe de estado en Honduras, según José Miguel Vivanco, director para América Latina de Human Rights Watch, la reacción es todavía insuficiente.
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En una entrevista exclusiva con Terra Magazine, Vivanco opinó que el futuro democrático en Honduras y quizás en la región estará sujeto a la firmeza de las sanciones "diplomáticas y económicas" que desde los Estados Unidos se impulsen contra el gobierno usurpador en Tegucigalpa.
¿Pudo prevenirse este golpe de estado en Honduras? ¿Había señales de que algo así podía ocurrir en la región?
Yo creo que no. Salvo para los conspiradores que estaban obviamente involucrados en esta operación yo creo que esto ha sido un balde de agua fría y una gran sorpresa para todos. Creíamos -y obviamente nos equivocamos- que los golpes de estado ya eran cosa del pasado.
En América Latina muchos tenían la ilusión de que habíamos aprendido las lecciones y el compromiso democrático era muy firme y categórico. Pero indudablemente que la lección aprendida es que hay que seguir fortaleciendo a las instituciones democráticas y los compromisos en esta materia porque efectivamente en circunstancias de polarización política, cuando las posiciones de los distintos sectores son tan irreconciliables y cuando además la comunidad internacional no está debida y claramente involucrada, como se ha visto en este proceso en Honduras, hay sectores políticos que todavía están dispuestos a recurrir a los militares para dirimir estas disputas. Y esto es un gravísimo retroceso que no puede sentarse como precedente. Por eso es que lo más importante es que la región y especialmente los Estados Unidos reaccionen con la mayor fuerza posible. No alcanza con las declaraciones condenatorias.
¿Cuál sería para usted la reacción más adecuada en estas circunstancias?
Debería advertírsele al gobierno ilegítimo de Honduras que se expone a todo tipo de sanciones diplomáticas y económicas. Que serán tratados como parias por la comunidad internacional y que hay posibilidades incluso de confiscación de bienes y suspensión de visas para aquellos que estén involucrados en este proceso golpista. Es necesario implementar una serie de políticas similares a las que se utilizaron durante la administración Clinton en medio de los intentos de golpe de estado en Ecuador, por ejemplo. Yo creo que esto hay que hacerlo a la mayor brevedad posible para evitar que se consolide el golpe.
¿Human Rights Watch considera entonces que la reacción del gobierno de Obama ha sido insuficiente hasta el momento?
Yo creo que sí. Creo que ha sido una reacción correcta de acuerdo a los principios. Claramente se ha condenado a los golpistas y se establece que se seguirán las relaciones con el gobierno del presidente Zelaya. Pero eso es ciertamente insuficiente y creo que debe ejercerse una presión directa por parte de los Estados Unidos y también por parte del resto de la región, que suspenda al gobierno usurpador en Honduras de participar de cualquier organismo internacional. Es necesario además que se reconozca sólo la representación que tiene su líder constitucional y legítimo en el presidente Zelaya.
La reacción de Obama marca de cualquier modo un cambio en relación con la reacción de George W. Bush durante la crisis del 2002 en Venezuela. ¿Cree usted que este es un síntoma alentador en las relaciones de Estados Unidos para con América Latina?
Sí. Hay una gran distancia entre Obama y Bush, y le repito que ésta ha sido una reacción correcta. La administración de Obama no está justificando el golpe en absoluto. Es más, lo está condenando en todos sus términos. Pero es preciso hacer mucho más aún para que no se vaya a generar en Honduras una sensación de ambigüedad. Y para que quienes hoy día se arrogan el poder en Honduras no tengan la sensación de que pueden ganar tiempo ya que al presidente Zelaya sólo le quedaban algunos días de gobierno. Que no sientan que pueden esperar seis meses y luego llamar a elecciones y que luego todo el mundo se olvide de esta crisis. Todavía hace falta hacerles ver a quienes han usurpado el poder en Honduras que ellos van a ser objeto de este tipo de medidas y de sanciones.
La dirección que el gobierno de Zelaya estaba tomando en estos últimos meses, el referéndum para abrir un proceso de reelección, el aplauso a la reincorporación de Cuba a las Naciones Unidas y el alineamiento con Chávez, daban la sensación de que el país estaba avanzando hacia una crisis democrática. ¿Es posible comprender el golpe de estado como una respuesta a esta dirección que estaba tomando el gobierno de Zelaya?
El golpe de estado no puede tener cabida. No hay bajo ninguna circunstancia situaciones que permitan avalar la conducta de estos sectores por profundas que sean las diferencias y por más graves que sean las crisis institucionales por las cuales pasamos todos los días en América Latina. No caben dudas de que Honduras estaba enfrentada a una crisis de la mayor envergadura con una confrontación directa entre los poderes del estado. Pero independientemente de la gravedad de la crisis, bajo ninguna circunstancia se puede permitir que esas diferencias terminen resolviéndose en función del número de generales con los que cada uno de los actores cuenta. Ya esa época de golpear las puertas de los cuarteles militares ha pasado. Pero da la impresión de que esa ha sido la actitud de la Corte Suprema de Justicia de Honduras, lo cual es realmente vergonzoso.
Esa actitud de un organismo democrático es completamente impresentable y refleja la falta de comprensión de lo que son los principios básicos que regulan nuestra conducta durante una democracia. La resolución del conflicto siguiendo las reglas del juego diferencia a una democracia de un régimen totalitario o una dictadura. Pero aquí más allá de las declaraciones y de los rechazos a nivel global la única pregunta es si se van a tomar medidas adicionales para persuadir al gobierno usurpador en Honduras de que deponga su actitud y para que busque a la mayor velocidad posible una transición que permita el regreso del presidente Zelaya.
¿Han hablado con la Secretaria de Estado Hillary Clinton? ¿Saben si de hecho se van a anunciar medidas de este tipo?
Nosotros hemos hecho ver nuestras posiciones públicamente. Estamos a la espera y confiamos en que esta tarde el presidente Obama se referirá al tema y ojala que lo haga de un modo más específico y más concreto, y le advierta al gobierno ilegítimo de Honduras lo que está en juego.
¿Cuáles considera usted que son las salidas de la crisis? A esta altura, la gobernabilidad se le haría bastante complicada a Zelaya incluso si pudiese volver a la presidencia de Honduras con apoyo de los Estados Unidos y de todo el continente.
No podemos ignorar la complejidad del problema. Esto no tiene una solución fácil. La situación en Honduras es de descontrol. Y es tan desesperante que importantes sectores políticos creyeron que la única solución era por vías de la fuerza. Eso es muy revelador de la magnitud de esta crisis. Pero más allá de todo esto, yo creo que es posible encontrar la fórmula para reincorporar al presidente Zelaya al poder. Las fórmulas, claro, dependerán de la firmeza que los usurpadores vean en la comunidad regional y en particular en los Estados Unidos. Si ellos tienen la sensación de que la posición de rechazo al golpe es más bien declarativa, de principios, pero que no conlleva medidas concretas y que es cuestión de sostenerse en el poder durante seis meses, llamar a una elección anticipada y dar por superado el tema, pienso que eso evidentemente va a prolongar la situación y va a hacer muy difícil que se reestablezca el orden y el estado de derecho en Honduras
Terra Magazine