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Las nuevas joyas arquitectónicas de Nueva York

Copyright Herzog & de Meuron 2008/Cortesía
El edificio 56 Leonard Street fue diseñado por Herzog & de Meuron, famosos por el estadio Nido de Pájaro.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

Llegó finalmente la hora. Tras casi dos décadas de funcionalismo a lo Trump, y construcciones simétricas y casi tan aburridas como predecibles y espantosas - basta pararse algunos minutos en la esquina de 59 y Broadway y mirar las torres del Time Warner Center o la dorada mediocridad de la Trump Tower, justo en frente, para comprender esta tendencia en toda su insipidez- Nueva York parece haber comenzado a desperezarse del letargo ingenieril para abrirse a una nueva búsqueda más audaz y arquitectural, posiblemente mucho más en sintonía con la historia de diseño vanguardista que la caracterizó desde siempre.

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Claro, Nueva York no es Shangai y su abigarrada selva de edificios y códigos impone una gran cantidad de restricciones a la hora de montar sus rascacielos. Sin embargo, ya desde hace al menos dos años, las listas de proyectos aprobados para construcción suman más y más nombres ligados a la aventura, las nuevas formas y la creatividad.

Y quizás entre los primeros nombres en la lista aparezcan - oh casualidad- los de los socios japoneses Kazuo Sejima y Ryue Nishizawa con su firma Sanaa. Ambos oriundos de Tokio, una metrópoli que también ha hecho emblema de su arquitectura, desembarcaron en Nueva York para cambiarle la cara al Bowery con su extravagante creación para el New Museum. Flanqueado por antiguos depósitos y matrizadoras de acero inoxidable, el New Museum es un mallado de aluminio de perforaciones simétricas que crea un poliedro irregular de seis pisos. Los niveles, que no se montan en línea, sino levemente desplazados unos sobre otros y cada uno con una altura y un volumen diferentes del anterior, desempeñan al interior del edificio una función particular orientada a las exhibiciones. La malla exterior translúcida convierte al edificio en una especie de camaleón cromático, pues le brinda la posibilidad de mutar su color con base en un juego de luces desde el interior.

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El segundo de los proyectos, en pleno centro de Tribeca, es el rascacielos de Herzog & De Meuron, los afamados creadores del estadio Nido de Pájaro, la impresionante pieza arquitectónica que maravilló al mundo durante los Juegos Olímpicos de Beijing. El edificio que comenzó a ser erigido en el 56 de la calle Leonard tendrá más de 250 metros de altura y varias particularidades. Entre ellas, la más notable a la vista, es que cada uno de sus pisos tendrá una altura y una superficie completamente diferente. La asimetría tendrá claramente un impacto en el aspecto exterior, semejante a una pila de cajas de zapatos y libros, de aristas blancas y planos en finas barras de acero y placas de cristal. La irreverencia en la forma, un tanto pop, un tanto posmoderna, le da preeminencia a los balcones, que desgarran las formas netas de la silueta a la distancia creando un espejismo borroso y brillante, facetado al sol como una piedra preciosa.

El tercero, aunque quizás el más sorprendente, es el primer proyecto completo en Nueva York del genio holandés Rem Koolhaas, Koolhaas, quien saltó a la fama por su Casa da Música en Oporto y la Biblioteca de Seattle, dos impresionantes reinterpretaciones de cómo utilizar el volumen y el espacio en un contexto de diseño urbano, comenzará a construir su torre en el 23 de la calle 22, en el lado Este de Manhattan (algunos de los renderings del proyecto pueden verse online en el sitio de la revista Dezeen). Claro que es difícil definir esta bellísima pieza de concreto y pura asimetría en cristal como una torre. También irregular, con una base y una cima más angostas que la parte media, el proyecto de Koolhaas evoca de alguna manera una de las mitades de un broche para colgar ropa. A la sensación de inestabilidad y de precario equilibrio que el holandés logra con esta torre de mediana altura se le suman, además, la irregularidad en la distribución de las plantas y superficies por piso y una larga lista de curiosidades arquitecturales, como los pisos o los cielorrasos de algunos de los dormitorios en los pisos medios realizados enteramente en cristal, desde los cuales se puede tener ya la vertiginosa vista de la calle 22, ya la apacible presencia cenital de una piscina de 40 mil litros de agua.

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Claro que no todos los neoyorquinos estamos preparados para recibir tan exóticos regalos. Lorie, una artista vive en el Lower East Side desde hace al menos 11 años, se queja del New Museum porque tras la inauguración, los precios de las propiedades en la zona no pararon de subir.

"El edificio es horrible, parece un colador, y el gobierno contribuyó con más de ocho millones de dólares al proyecto", asegura irritada. "Parece como si quisieran echarnos a los artistas a toda costa del Lower East".

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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