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"Mejor reelegir a Uribe que aguantar a Santos"

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"Entiendo la historia como un conjunto de conflictos. Lo que la gente me cuenta son esos conflictos. Yo lo que hago es traducir lo que la gente dice", dice Molano.

Antonio Morales Bogotá, Colombia

El sociólogo bogotano Alfredo Molano (1944) conoció al hoy líder de las FARC, Alfonso Cano, cuando ambos coincidieron en la Universidad Nacional de Colombia. Dos hombres bogotanos, de clase media acomodada, cuyos caminos críticos contra el establecimiento colombiano han ido separándose con los años. Y no solo conoció a Cano. También a Camilo Torres, el cura guerrillero, que murió en su primer combate serio contra las fuerzas del gobierno, pero antes dejó una marca definitiva en la facultad de sociología de esa universidad.

Y ha conocido más gente: guerrilleros, paramilitares, prostitutas, campesinos sin tierra, "mulas" del narcotráfico, gente que la violencia ha expulsado de su territorio. El mundo rural colombiano, sus conflictos y los distintos rostros humanos de la violencia son protagonistas en sus libros de testimonios, que lo han hecho uno de los autores más leídos de Colombia.

Conoció el exilio y, ahora, el acoso judicial mediante una demanda que podría hacerlo dejar de escribir por un tiempo. Sería "como si me cortaran las manos", dice.

Aunque es un reconocido crítico del presidente Alvaro Uribe, prefiere un tercer mandato de este al primero de Juan Manuel Santos, la baza más fuerte del oficialismo para las presidenciales del próximo año. Mejor aún, un triunfo de Sergio Fajardo, el carismático ex alcalde de Medellín que hasta ahora se perfila como el eventual unificador de la oposición, si esta le hace caso a las encuestas.

Terra Magazine: En tiempos de Uribe ¿cómo va su "seguridad democrática"?

Alfredo Molano: Pues la democracia la sigo defendiendo, la seguridad no.

Se le ve nostálgico de cuando como sociólogo y periodista recorrió el país buscando historias...

Si, de todo lo que recorrimos en travesías, no por la autopista Bogotá-Medellín, sino por la trocha, por los ríos, y claro, eso me trae el recuerdo de mucha gente que entrevisté, gente que ha muerto, que han matado, caminos, bellas situaciones, muy difíciles, pero en fin, hay nostalgia, hay edad, hay tiempo.

Usted vivió una época privilegiada sin duda en los años 60 en la Universidad Nacional cuando tuvo la oportunidad de estar al lado de figuras de la izquierda colombiana como Fals Borda, como Eduardo Umaña Mendoza y como el cura guerrillero Camilo Torres. ¿Qué sentimiento tiene ahora pasado ese tiempo?

Esa gente nos abrió una perspectiva muy importante desde el punto de vista político, y comenzamos a dejar la academia justamente con ellos. Camilo dejó la academia, Fals fue dejándola. Creo que ellos nos permitieron vincularnos con la gente; los trabajos de campo en esa época eran muy fuertes, eran muy regulares

Justamente por esa época, la muerte prematura de Camilo en la guerrilla evitó que buena parte de una generación, y usted incluido, se fueran al monte, a la guerra.

Así fue. La última vez que yo vi a Camilo en la entrada de sociología me dijo "¿bueno, y cuando va a irse con nosotros?". La muerte de Camilo, y sobre todo los fusilamientos que vinieron después, dentro del ELN, nos hizo detenernos

Y eso lo conduce por otro camino a observar y a trabajar sobre el conflicto colombiano desde lo social, pero también desde lo militar, es decir, desde la vida de los guerreros...

Yo volví al mundo académico, anduve en París, y a mi regreso, cuando traté de volver a ese mundo, no pude porque la realidad daba mucho más que la teoría, daba mucho más lo que yo había aprendido, entonces, ahí fue que, digamos, me desbarranqué hacia la gente...

Usted se aleja no solo de la academia sino de la sociología pura y dura, y termina en el relato, en la crónica, en la interpretación, en el testimonio, en sus libros...

Termino metido con la gente.

En un trabajo de historia oral, pero también uno siente que este país los acontecimientos de esa historia oral contemporánea se van tan rápido que de repente lo que usted ha hecho, son operaciones de arqueología del instante, es decir, de recuperar cosas que si no se recuperan pueden perderse muy fácilmente...

Si pero sin embargo todo se repite. Estuve en Ecuador hace un mes, y esa saga de gente que comienza en el Sumapaz, en Villa Rica en el oriente del Tolima, sus hijos, sus nietos están en la frontera con el Ecuador, han recorrido todo el camino: el Sumapaz, el Ariari, el Guayabero, el Caquetá, el Putumayo y están allá en ese camino histórico donde se repiten las mismas cosas, se repite la acusación y la denuncia contra el sistema político. Un sistema político que no da juego, ni le da salidas a la gente

Usted insiste en focalizar el problema del conflicto colombiano totalmente relacionado con el conflicto agrario, que es la columna vertebral de la guerra, y el resto del conflicto ¿cómo se entremezcla en esa base fundamental que es la tierra y el territorio?

No olvide que el problema de la tierra y el territorio es concentración, es concentración de capital, es concentración de bienes. Hay algo que está vinculado a las leyes del desarrollo del capital. Pero yo me meto es con la gente: con los campesinos, con los colonos, con las putas, con los arrieros, con la gente que vive este país, esa es la gente que me gusta, que me llama.

Eso ha sido interpretado, no solamente por sus críticos, sino por gente que interpreta...

Por la academia...

Por la academia también, como una relación suya desde lo periodístico y desde lo literario, desde lo investigativo, muy directa con la política, a través de una ética de reconocer lo popular como el hilo conductor de la historia, pero muy política, hasta el punto que hay gente que piensa que usted es un político...

Yo soy un político que traduzco lo que la gente políticamente me dice, ese es mi oficio. Tomo lo que la gente me da, lo pongo en un lenguaje más organizado, más orgánico, en ciertos momentos más explicito, pero es lo que la gente me dice. No entiendo la historia de otra manera, no entiendo la historia sino como un conjunto de conflictos, es decir, eso es lo que hace la historia, y eso es lo que me muestra la vida. Lo que la gente me cuenta son esos conflictos. Yo lo que hago es traducir lo que la gente dice y yo creo que la gente recibe ese mensaje y lo vuelve acción política.

Le voy a mencionar algunos títulos suyos, y coméntemelo en apretada síntesis. Trochas y fusiles...

Es la saga de las Farc.

Los años del tropel...

Es la violencia en los años 50 en el norte del Valle, un poco en el norte de Boyacá, pero son historias de los viejos que sufrieron, y vivieron e hicieron la violencia en los años 50.

Rebusque mayor...

Es un poco la consecuencia de todo lo anterior, quiero decir, los narcos y la coca que es el problema agrario contemporáneo

Y le menciono un último libro suyo que a mi particularmente creo que es el que más me gusta, Siguiendo el Corte

A mí también. Fue el libro que me costó más trabajo. Siguiendo el corte es el movimiento de los colonos, en lo que llaman los colonos la frontera agrícola.

Es el libro mas sociológico quizás pero el mismo tiempo más literario...

Bueno, es el más rico en información...

Y en historias...

En literatura no sé, yo no califico eso, yo cada vez le tengo menos miedo a que me digan usted hace novelas, pues si hago novelas, que digo mentiras, bueno si digo mentiras, mentiras que salen, la verdad...

Y en este país la ficción es una realidad

Me he inventado mentiras y hay mentiras que salen.

Y ahora en agosto aparece otro libro suyo, cuyo nombre dice ya mucho: Ahí les dejo esos fierros, sabiendo que en Colombia los fierros son las armas...

Son relatos de gente de un comandante de las autodefensas del Sumapaz en los años 50, de dos mujeres paramilitares y de dos desmovilizados del M-19.

Usted tiene un proceso judicial por injuria y calumnia denunciado por la familia Araujo. ¿Qué ha pasado ahora que han exonerado parcialmente al hijo y totalmente al padre por paramilitarismo?

Fue por un artículo que escribí hace unos tres años, que eran observaciones críticas de carácter genérico, sociológico digamos, sobre las elites regionales, sobre cómo están emparentadas unas con otras...

Una de las posibilidades, si en algún momento lo condenaran a usted, es que no podría escribir más...

Durante un determinado tiempo de vida. Es como cortarme las manos....

¿Cómo ve la degradación de los derechos humanos en Colombia?

En alguna oportunidad sostuve que la guerra sucia que siempre ha habido en Colombia, desde las guerras civiles, eso ha sido una característica de nuestros conflictos, que se ha agravado entre otra cosas y paradójicamente por la ascendencia que tiene los derechos humanos en el mundo contemporáneo. En la medida en que los derechos humanos han tomado sitio en la jurisprudencia, en la política, en la vida nacional, los crímenes oscuros, la guerra, las porquerías que siguen haciendo, las hacen por debajo para evitar una demanda en los derechos humanos. Yo creo que si hay una gran degradación. Lo de los "falsos positivos" es simplemente asqueroso. Ahora se llevan un cadáver de un pobre miserable, de un loco y lo cobran, no cierto y no solamente eso, es decir, en general me parece que la matriz de eso entonces, es la sindicación permanente, el maniqueísmo que ha formado este gobierno entre los buenos y los malos...

Todo el que no esté con el gobierno es su enemigo

Si y la impunidad se generalizó y se institucionalizó.

La acumulación de poder del presidente Uribe, es tal que ahora tendrá un nuevo fiscal de bolsillo. ¿Cómo ve usted eso?

La reducción de las divisiones del poder son mortales para la democracia, y yo creo que eso es lo que ha hecho básicamente Uribe, concentrar el poder y concentrarlo de una manera autocrática

¿Usted cree que va a ver reelección de Uribe?

Mejor sería la reelección de Uribe que aguantarnos a Juan Manuel Santos.

¿Y no cree usted que puede haber una transición de centro, tipo Sergio Fajardo?

Sería lo deseable. Si hay segunda vuelta, Fajardo sale adelante y la izquierda tendría el deber de pensar en una alianza sólida con una persona que de todas maneras ha demostrado honestidad.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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