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Colombia 2008: 16 términos para saber lo que pasó

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"El fracaso en la estrategia antidrogas y en planes no militares de intervención, plantea cambios puntuales en la política del gobierno de Obama hacia Colombia", opina Antonio Morales.

Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia

Los problemas estructurales de Colombia, y en consecuencia históricos, permanecen como una espada de Damocles sobre la dirigencia y la sociedad colombiana. Haciendo un repaso y breve balance del año 2008, todos saltan a la vista. Y la suma de ellos se convierte en el difícil panorama hacia el futuro de un país, al cual el poder se ha encargado sistemáticamente de no dejarlo salir del abismo. En esta lista no están todos los problemas pero si los que hicieron de las suyas en el 2008.

Soberanía: A pesar que en la Constitución del 91 se menciona en seis artículos el término "soberanía", lo cierto es que ya nadie sabe en dónde comienza y en dónde termina la nuestra. La soberanía se ha vuelto un concepto relativo, e incluso maleable. Colombia se ha especializado en formas de cooperación que no representan una mejora significativa de las condiciones de vida de la mayoría de colombianos. Esas formas de cooperación, en donde se observa una pérdida importante de soberanía, van desde la concesión a multinacionales para la explotación de nuestros recursos, hasta la presencia cuantitativamente importante de personal militar y civil de los EEUU en nuestro territorio.

Paramilitarismo: El anuncio de la creación de cinco grupos élite para combatir bandas criminales surgidas tras desmovilización de las AUC, abre el debate sobre la actualidad del paramilitarismo. Desmovilizaciones, extradiciones, relevos de tropas y de comandos: pero el mismo terrible fenómeno asesino sigue rondando campos y ciudades. La reciente captura del ex general Rito Alejo del Río, por su presunta responsabilidad en múltiples crímenes de lesa humanidad cometidos por sus tropas y por los grupos paramilitares que operaban en Urabá y el Bajo Atrato chocoano, mientras estaba a cargo de la Brigada XVII, así como la existencia de 661 procesos en la Fiscalía contra otros militares -incluidos varios generales- por delitos similares y la apertura de 3.546 investigaciones en contra de uniformados sólo en el presente año, ha vuelto a poner sobre la mesa un fenómeno sobre el cual, a pesar de más de 20 años de investigaciones, pocas claridades se han arrojado.

Paraeconomía: Grandes empresas, de distintos sectores urbanos y rurales, se beneficiaron y se siguen beneficiando a ojos cerrados de astronómicas ganancias, gracias al accionar del paramilitarismo en tres décadas de nuestra historia reciente. El paramilitarismo ha sido una ilegal estrategia anti subversiva pero también un pingüe negocio. ¿Buena parte de la economía colombiana es mafiosa? Así como se ha destapado la parapolítica, ¿por qué no hay voluntad judicial para destapar la paraeconomía? Sería tocar la nuez de la fruta podrida. El modelo paramilitar de control de territorios no sólo ha configurado un escenario de terror y guerra contrainsurgente en diversas regiones del país, sino que también ha generado facilidades a empresas de sectores muy específicos de la economía nacional para favorecerse de la extracción de recursos, la mano de obra y los mercados de estas zonas, en condiciones altamente privilegiadas.

Endeudados: Miles de familias pierden su casa cada año, por incapacidad de pago. Se calcula que entre 12 y 15 millones de colombianos se encuentran en serias dificultades para habitar un lugar en condiciones dignas. Son más de 300 mil con cuentas pendientes con los bancos. Suicidios, y enfermedades campean ¿Política social? Mamarles gallo a los colombianos pobres.

Medio ambiente: Con la Ley 99 del 93 se alcanza un importante logro con la creación del Ministerio del Medio Ambiente. Pero desde el último día del gobierno de Pastrana y el primero de Uribe hasta hoy, se han flexibilizado las normas de control para facilitar las explotaciones de las petroleras y otras multinacionales. Quince años después de promulgada la Ley, los ambientalistas han prendido las alarmas.

CPI: La visita realizada a Colombia por el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, abre una nueva etapa para la justicia en este país. El mensaje es claro: si los tribunales colombianos no juzgan debidamente a paramilitares, parapolíticos y demás violadores de los derechos humanos, la CPI actuará contra la impunidad.

Pensionados: Mientras para algunos colombianos la expectativa de vida de 71 años en promedio es una condición a celebrar, para gran parte de los mayores de 60, esa vida que hipotéticamente queda por delante, es trágica. Y la tragedia tiene nombre: las pensiones. Por tenerlas o por no tenerlas. Una vez más, gana lo privado sobre lo público.

La Patria: Mientras en algunos países occidentales fue excluido del vocabulario político, en Colombia el patriotismo ha tenido un fuerte florecimiento en los últimos años. ¿Pero qué concepto de patria se esconde detrás? El de la patria como herramienta política del régimen.

Libertad de expresión: El presidente Uribe cambia de táctica según su conveniencia: de insultos, descalificaciones y regaños a reporteros nacionales o internacionales, pasa al desconocimiento de las preguntas que formulan los periodistas. De cualquier manera, y aunque diga lo contrario, Uribe irrespeta a la prensa. Y atenta así contra la libertad de expresión. Todo para consolidar la manipulación y el unanimismo.

Memoria y víctimas: Los colombianos continuamos cerrando los ojos, los oídos y los labios ante hechos como el exterminio de la Unión Patriótica, o las más de 2.500 masacres ocurridas entre 1982 y 2007. Memoria adormecida con un efecto terrible: la impunidad. En Colombia no hay estadísticas precisas sobre nada, y la impunidad no es la excepción. Pero los datos oficiales ubican la impunidad por encima del 90 por ciento, y las organizaciones de derechos humanos nacionales o internacionales acercan el índice al 98 por ciento. Amarrado a la impunidad está el olvido que la cultiva y favorece, aún en medio de los esfuerzos de algunos por hacer de la memoria un hecho real, casi tangible, que contribuya a evitar la repetición de actos violentos, muchos de ellos aún acallados y oscuros que siguen bañando al país en sangre.

Desplazamiento forzado: El informe de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento es apabullante: en el primer semestre de 2008 fueron desplazados 270.675 campesinos. 41% más que en el primer semestre de 2007. ¡A razón de 1.500 personas diariamente!

Falsos "positivos": El hallazgo de los cuerpos de 19 jóvenes de Bogotá y Soacha (Cundinamarca) en una fosa común de Ocaña (Norte de Santander) aterró al país, por la forma como estas personas fueron asesinadas por militares y por el modo como fueron llevadas al lugar en el que fueron muertas. El fenómeno no es nuevo y se extiende por todo el país: las ejecuciones extrajudiciales han sido denunciadas por organizaciones de DDHH nacionales e internacionales desde los años 70, en medio del silencio cómplice de los gobiernos, la impunidad e informaciones hasta hoy aisladas. La cifra real nunca será conocida.

Las pirámides: Además de un descalabro económico, la tragedia financiera de decenas de miles de colombianos que entregaron sus ahorros en los últimos años a empresas de captación de dinero abiertamente ilegales, es metáfora y ejemplo nítido de la descomposición generalizada de la sociedad colombiana, tras 25 años de influencia del narcotráfico y de la instauración de una cultura mafiosa. La punta del iceberg que ha aflorado en los últimos días, permite ya presagiar las dimensiones del entuerto. El caso de DMG ha puesto en evidencia la insostenibilidad de una política de abandono, de una economía paralela y de una doctrina de seguridad catastrófica.

Inundaciones: Mientras 12 millones de colombianos no tienen acceso al agua potable, 18 de los 32 departamentos del país están siendo afectados por inundaciones. Evitar que haya miles de damnificados cada año requiere de decisiones políticas y económicas, antes que la también necesaria atención y prevención en las zonas de desastre. La solución necesariamente debe pasar por un reordenamiento territorial y una reforma agraria.

Inversión extranjera: Los mecanismos de atracción de capital extranjero ofrecidos por el gobierno nacional -traducidos en exenciones a la renta, ofrecimiento de utilidades astronómicas, favoritismo político, entre otros- fueron el gancho que atrapó a muchos inversionistas extranjeros en los últimos tres años. No la política de Seguridad Democrática.

Plan Colombia: El fracaso en la estrategia antidrogas y en planes no militares de intervención, plantea cambios puntuales en la política del gobierno de Obama hacia Colombia. Ante los recortes que se ven venir en varios de sus programas bandera, que dependen en gran parte del dinero gringo, la reducción de esos dineros y la "nacionalización" del Plan, pueden desestabilizar toda la seguridad Democrática. POLO obtuvo el informe GAO entregado al nuevo vicepresidente Joseph Biden. Además de los cambios de estrategia sugeridos, es claro que Biden, Obama y los demócratas del Congreso, harán recortes presupuestales que cambiarán radicalmente el mítico Plan Colombia.

Y todo esto sin hablar del eterno problema de una guerrilla mafiosa, que aun está lejos de ser derrotada.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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