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AFP
El presidente ecuatoriano Rafael Correa en conferencia de prensa, anunciando la ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia.
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Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia
Si en las dos últimas semanas las noticias relacionadas con el conflicto colombiano aparecían tiro a tiro cada día, este fin de semana se vinieron en ráfaga, como la guerra misma, para causar la más grave crisis internacional de las últimas décadas en América Latina y la más difícil para Colombia desde 1936, en tiempos de la guerra amazónica con el Perú.
Muerte del comandante Raúl Reyes de las FARC en un ataque de la Fuerza Aérea Colombiana en territorio ecuatoriano, protesta ecuatoriana, excusas del Canciller colombiano, cierre de embajadas en Bogotá por parte de Venezuela y Ecuador, envío de tropas a las fronteras colombianas ordenado por Hugo Chávez y Rafael Correa, negativa de Colombia de enviar sus tropas a las fronteras, acusaciones de Colombia de complicidad ecuatoriana con las FARC y de financiación de Venezuela a esa guerrilla colombiana, declaraciones de algunos países de América Latina y Europa condenando la violación de la soberanía ecuatoriana por parte de Colombia, señalamientos a Colombia de querer convertirse en el Israel de Sudamérica, declaraciones de otros estados llamando a la cordura y la sensatez, intervención inminente de la OEA y de las Naciones Unidas...
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En medio de tal vendaval de noticias a cual más graves y desestabilizadoras, y ejemplos todas de una polarización y sobre todo de una internacionalización del conflicto armado colombiano, tratar de observar y analizar objetivamente este embrollo resulta una tarea de filigrana. Vamos por partes...
Colombia-Ecuador: la muerte en territorio ecuatoriano de Raúl Reyes ha sido el detonante de una crisis larvada desde hace meses con diversas protestas ecuatorianas por intervenciones colombianas y exigencias colombianas al Ecuador para que entienda en su frontera las necesidades de la guerra contra las FARC. Era claro que varios frentes de las FARC tenían campamentos-refugio del lado ecuatoriano, y que de ahí operaban en Colombia. El hecho de haber detectado a Reyes en uno de ellos implicó la decisión colombiana de atacar en territorio extranjero.
El gobierno de Bogotá había medido las probables reacciones del izquierdista Correa, aprovechando la debilidad misma del gobierno ecuatoriano frente a Colombia y sobre todo frente a los Estados Unidos, el socio bélico de Alvaro Uribe. Bogotá consideró que una vez más podría "dorarle la píldora" a Correa, con disculpas y llamados a combatir el terrorismo. Pero no contaba con la intervención e influencias de Hugo Chávez.
Al comprobar el ejército ecuatoriano las dimensiones del ataque y recoger a tres guerrilleras heridas, Correa lanzó su nota de protesta. Pero tampoco contaba Correa con los computadores de Raúl Reyes que se llevaron junto al cadáver las tropas colombianas, en los cuales, según la policía colombiana, hay pruebas de la complicidad del gobierno ecuatoriano con las FARC y de reuniones del Ministro de Seguridad, Larrea, con el propio Reyes. Ante el cierre de la embajada en Bogotá, el gobierno colombiano respondió con esa denuncia, que promete llevar a tribunales internacionales como prueba del apoyo de Ecuador a un grupo terrorista.
Igualmente Ecuador ha anunciado que elevará quejas internacionales formales por la invasión de las tropas colombianas y la violación a su soberanía. Sin dudas la situación es compleja esta semana, pero el problema con el Ecuador necesariamente se debería arreglar tras una mesurada intervención y conciliación de la comunidad latinoamericana. Sin embargo, Correa optó por una ruidosa ruptura de relaciones diplomáticas que con Colombia. Se presumía que Colombia no atacaría más en Ecuador y que Quito se comprometería por lo menos a no ver con buenos ojos a las FARC, un acuerdo en el papel que de todos modos, y dada la fragilidad de la frontera ocupada en buena parte por las FARC, podía volar en pedazos frente a un nuevo incidente. Pero no, las cosas se precipitaron. El gobierno de Correa puede quedar mal parado en su propio país, donde la oposición está al acecho de sus errores.
Colombia-Venezuela: Ese si es el verdadero problema de una extrema complejidad binacional, geopolítica e internacional, y que no parece tener a corto plazo solución, a diferencia del incidente con Ecuador, a pesar de la agudización reciente del mismo. Desde el punto de vista práctico, entre Colombia y Venezuela no se ha dado un incidente en el terreno, pero aun así las confrontaciones entre Uribe y Chávez, y la andanada del domingo del presidente venezolano contra Uribe y sus decisiones pre-bélicas, han vuelto el asunto mucho más delicado. Abiertamente, Chávez, tras el ataque en Ecuador, salió en defensa de Correa, lo convenció de llevar el altercado al extremo de retirar en embajador en Bogotá, cerró su propia embajada y movilizó tropas a la frontera. Y más grave aún para el punto de vista del gobierno colombiano, ha declarado su dolor por la muerte de Reyes y de este modo su apoyo implícito a las FARC. Ese será, sin duda, como en el caso ecuatoriano, el caballito de batalla de Uribe y la defensa de la legitimidad de sus ataques irregulares frente a la comunidad internacional: dos estados que apoyan el terrorismo no pueden tener la razón.
En el campo de lo puramente militar, tras la decisión de Chávez de movilizar sus tanques a la frontera colombiana, no parece haber un peligro inminente de incidentes o confrontación. Ni Chávez lo quiere ni el ejército colombiano está en la frontera ni será desplegado allí, ocupado como anda combatiendo a las FARC en las montañas, las selvas, los valles y las ciudades. Pero aunque Chávez muestre los dientes y Uribe le haga el quite, es el elemento FARC, como en todo este asunto, el que puede tomar decisiones y causar problemas. No es difícil en una frontera común de 1.600 kilómetros causar una confrontación y escapar a Venezuela (donde se supone que las FARC también tienen campamentos) y tampoco es difícil que las no pocas veces alucinadas y espontáneas tropas colombianas pasen hacia Venezuela a perseguir en caliente a guerrilleros de las FARC, como ya lo han hecho.
En ese escenario un incidente si sería posible y sus consecuencias inconmensurables para los dos países. De otro lado, en Colombia se especula sobre la posibilidad de que el máximo comandante guerrillero Manuel Marulanda se encuentre en Venezuela no lejos del territorio colombiano, protegido como lo creía estar Reyes en Ecuador.¿Es de repente este el fondo de la bravuconada de Chávez? ¿Le está diciendo a Uribe: "ni se te ocurra venir por Marulanda por que eso equivale a la guerra"?
A sabiendas de que Colombia, a pesar de tener un experimentado ejército de 300.000 soldados frente a los 50.000 de Venezuela, no posee un solo tanque de guerra frente a 300 venezolanos, tiene cuatro viejas corbetas frente a una renovada flota venezolana, le quedan uno docena de viejos aviones supersónicos prácticamente inoperables frente a las escuadrillas de los Suhkoi venezolanos. Y apenas cuenta con una superioridad en materia de helicópteros. Y más aun, el ciento por ciento de las tropas está comprometido en el conflicto interno.
Chávez lo sabe y las FARC quisieran desviar hacia otros escenarios al ejército colombiano para liberarse de la presión que sufren. Pero Colombia contaría con el apoyo casi inmediato de los Estados Unidos. Es evidente que las decisiones de Uribe naturalmente pasan por Washington. De tal modo y a sabiendas de que el gringo siempre ha estado y está ahí, qué mejor para todos que los insultos y provocaciones de lado y lado se queden en eso y sigamos en nuestra paz armada entre hermanos que se muestran los dientes.
Además, Colombia le vende anualmente a Venezuela 6.000 millones de dólares en mercancías y Venezuela vive en buena parte de los productos del agro colombiano. Si la economía aún rige la historia común, resulta bien improbable que de un lado y el otro se quieran meter en tan costosa aventura. Vendrán pues las reuniones de la OEA y hasta de las Naciones Unidas, seguramente un acuerdo con Ecuador y el regreso del embajador. El problema con Chávez persistirá, los secuestrados no volverán a ser liberados unilateralmente, el Acuerdo Humanitario quedará para otros tiempos y las relaciones entre los dos países, mientras estén Uribe y Chávez en el poder, siempre penderán de un hilo.
Con Venezuela, la internacionalización del conflicto -con el papel siempre relevante de Estados Unidos- pasa por la confrontación Chávez-Bush, por las razones del petróleo, por Irán... Por fortuna hoy los gringos están dedicados a elegir nuevo presidente y Bush no quiere meter demasiado las narices en este asunto. Pero cuando ya hayan decidido su nuevo gobierno, ¡qué miedo!
Terra Magazine