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efdeportes.com/Gentileza
Mural en recuerdo del atleta desaparecido Miguel Sánchez en Berazategui, a pocas cuadras del lugar en que fue secuestrado en enero de 1977.
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Christian Rémoli y Ezequiel Fernández Moores
Buenos Aires, Argentina
Tenía dos sueños: el primero correr la San Silvestre y el segundo ver el Mundial 78. A base de un esfuerzo muy grande, que incluyó la venta de rifas a sus vecinos en el distrito de Berazategui, en la periferia sur de Buenos Aires, Miguel Sánchez, consiguó ir a San Pablo y correr dos veces, en 1976 y 1977, el maratón más importante de Sudamérica.
El segundo sueño le quedó trunco. La noche del 7 de enero de 1978, cuatro meses antes de que comenzara la Copa Mundial de fútbol de la FIFA en Argentina, fue secuestrado en su casa del barrio de Villa España, en Berazategui, y pasó a ser uno de los 26 deportistas desaparecidos por la sangrienta dictadura militar que sufrió la Argentina entre 1976 y 1983.
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En 1998, el editor del diario italiano La Gazzetta dello Sport, Valerio Piccione, se conmovió al ver su historia plasmada en el libro sobre el el Mundial 78 El terror y la gloria", de Abel Gilbert y Miguel Vitagliano; lo encontró en una librería de la avenida Corrientes de Buenos Aires y, a partir de allí, comenzó a organizar en Roma "La corsa di Miguel" ("La carrera de Miguel"), que se corre en simultáneo en la capital italiana y en Buenos Aires desde el año 2000. La última, realizada en Buenos Aires en los bosques de Palermo el 30 de marzo pasado, la corrieron 12 mil atletas y arrastró consigo una noticia: Miguel Sanchez sería el primer deportista desaparecido víctima del Plan Cóndor.
El Plan Cóndor fue una operación de inteligencia coordinada entre las dictaduras represivas de Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, con el aval de Estados Unidos, que tenía como objetivo el intercambio de información y la persecución de los militantes de los movimientos opositores. El entusiamo de Miguel por correr la San Silvestre pudo haber sido su trampa mortal.
San Pablo, el lugar clave
Miguel Venancio Sánchez nació en San Miguel de Tucumán, 1300 km al noroeste de Buenos Aires. Luego de los cierres de los ingenios azucareros en el norte argentino durante el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía en 1966, emigró con su familia a Villa España, en la zona sur del Gran Buenos Aires. Probó suerte como futbolista en las divisiones inferiores del club Gimnasia y Esgrima de La Plata, pero se terminó inclinando por el atletismo. Su entrenador fue Osvaldo Suarez, ganador de las ediciones 1958, 1959 y 1960 de la San Silvestre y perseguido "por peronista" por la Revolución Libertadora, otra dictadura militar que sufrió Argentina a partir de 1955.
Miguel, que pertenecía a la JP (Juventud Peronista) y hacía trabajo social en las zonas carenciadas de su barrio desde 1974, fue secuestrado al regreso de la carrera en San Pablo, cuando la dictadura argentina tenía más de dos años y medio de vida. San Pablo, igual que Río de Janeiro, eran "las bases más fuertes" que tenían fuera de su país los servicios de inteligencia del Batallón 601, del Ejército argentino. Las otras bases funcionaban en Paraguay, Bolivia, Perú, Brasil y Uruguay. Lo señala el juez federal Ariel Lijo en el expediente n° 16307/06 del registro del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal n° 4, en una causa contra el represor Pascual Guerrieri, jerarca del Batallón 601, cuya base brasileña fue pilar del Plan Cóndor.
"Nosotros montamos fracciones y armamos todo como un rompecabezas", le explica a Terra Magazine el brasileño Jair Krischke, fundador del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Rio Grande do Sul. "Miguel Sánchez estaba monitoreado, donde iba lo observaban. La sospecha más firme ronda alrededor de que Montoneros (ya por entonces brazo armado de la JP) le habría pedido que fuera 'paloma mensajera' para llevar información, como lo hicieron con tantos otros deportistas o artistas que, sin ser de Montoneros, estaban vinculados a la Juventud Peronista. En el caso de deportistas que practicaban actividades donde no había mucha plata y eran poco conocidos resultaba muy difícil que los militares sospecharan de ellos. Era el perfil correcto. Creo, inclusive, que en su regreso a Buenos Aires lo acompañaron hasta Punta del Este, donde los servicios argentinos funcionaban a pleno".
Para el periodista del diario argentino Clarín Alberto Amato -que en 1999 realizó uno de los informes más completos del Plan Cóndor- no es para nada descabellado pensar que hayan "marcado" a Miguel en San Pablo. "La fecha de su captura -cuenta Amato a Terra Magazine- tiene que ver exactamente con la implementación más vehemente del plan". En su informe, Amato señala que un militar muy cercano al general Jorge Rafael Videla, cabeza de la dictadura argentina en su primera etapa, le confirmó que el Secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, había dado via libre al Plan Condor, a fines del '77, con un lacónico "hagan lo que tenga que hacer, pero háganlo ya". Kissinger, paradójicamente, fue un invitado especial del dictador Videla en el Mundial 78, el mismo que Miguel jamás llegó a ver.
"Miguel era muy dado con todo el mundo. Cuando había una carrera, él se ponía a hablar con los periodistas. Y obviamente las charlas no rondaban solamente en torno a la falta de apoyo que tenía el atletismo. Cuando se sentía en confianza, hablaba de política, de la Unidad Básica de Berazategui donde militaba, y de las necesidades de las villas del sur del Gran Buenos Aires. Es muy probable que en Brasil haya tenido alguna charla con alguien que pudo haberlo traicionado", le dice a Terra Magazine la hermana de Miguel, Elvira Sánchez, un motor esencial para mantener viva la memoria en las carreras que se hacen en su nombre no sólo en Roma y Buenos Aires, sino también en las ciudades argentinas de Berazategui, San Miguel de Tucumán, Bariloche y Necochea.
La película
La historia de Miguel Sánchez es una de las más dramáticas del documental de 2007 Atletas y dictadura, la generación perdida, según cuentan sus autores, los brasileños Marcelo Outeiral y Marco Villalobos. El documental narra también los casos del tenista Miguel Schapira, de la jugadora de hockey sobre césped Adriana Acosta y de un grupo de rugbiers del club La Plata, entre otros detenidos-desaparecidos. En 35 minutos, la película hace centro en un audio de gran valor histórico, un saludo del general Videla a Los Pumas, la selección de rugby de Argentina, previo a una gira por Inglaterra en 1978. De lograda realización, el documental reconstruye la vida y desaparición de los atletas argentinos a partir de relatos de familiares y amigos. Con una narrativa simple, una puesta cuidada y testimonios muy sentidos, tiene picos de altísimo valor emocional.
"Nos vimos muy atraídos por las historias", le confiesa Outeiral a Terra Magazine. El periodista de la cadena televisiva brasileña O Globo también explica que "sobre todo nos llamaron la atención las historias de Miguel Sánchez y la de los rugbiers de la Plata, que son realmente escalofriantes". Aunque el trabajo documental cuenta una parte importante de la historia contemporánea argentina desde el deporte, no encuentra lugar para ser exhibido en Brasil ni en Argentina. "Nosotros no recibimos el apoyo de nadie para hacer esto", dice Outeiral. "Con Villalobos somos los directores, guionistas, productores, hicimos todo, pero no encontramos un eco en los medios brasileños como para poder difundirlo, no es algo que comercialmente suene atractivo para los auspiciantes. Igualmente estamos atentos, no estaría mal que la televisión argentina se interese en esto", confía.
Claudio Tamburrini, que era arquero del club Almagro y estudiante de filosofía cuando fue secuestrado por la dictadura argentina, logró escaparse el 24 de marzo de 1978. Se cambió el nombre, manejó un taxi, trabajó en una imprenta y salió a la calle "por primera vez fuera de la clandestinidad", revela, la noche del 21 de junio de 1978, a festejar la goleada 6-0 ante Perú que permitió a Argentina clasificarse para la final de un Mundial que finalmente terminó ganando. Cumplió su sueño de estar en Argentina durante el Mundial y luego sí se exilió en Suecia, donde aún vive. Hoy, treinta años después, y ya filósofo en la Universidad de Gotemburgo, Tamburrini cree que "el deporte es un arma demasiado poderosa como para dejarla en manos del enemigo".
» Hable con Ezequiel Fernández Moores
Terra Magazine