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La larga lista de deportistas víctimas de la represión política

Reproducción
La edición 2007 de la carrera en homenaje a Miguel Sánchez congregó a unos 12.000 corredores y se largó desde Figueroa Alcorta y Sarmiento, en Buenos Aires.

Ezequiel Fernández Moores
Buenos Aires, Argentina

Acusados muchas veces de vivir de espaldas a la realidad, los deportistas, sin embargo, también han pagado con su vida en tiempos de dictaduras. La guerra civil española, el nazismo y el stalinismo incluyen a deportistas entre sus víctimas fatales, igual que los casos de rugbiers, tenistas y otros atletas desaparecidos en Argentina, como se recordó en estos días, a 32 años del sangriento golpe militar del 24 de marzo de 1976 sufrido en ese país.

El caso más conocido en Argentina es el del atleta de 25 años Miguel Sánchez, desaparecido desde que el 8 de enero de 1978 fue secuestrado de su hogar en Buenos Aires, unos días después de su tercera participación en la tradicional carrera brasileña de San Silvestre.

Este domingo 30 de marzo se correrá, como ocurre desde hace años, una carrera en su homenaje por las calles de Buenos Aires, organizada por el Secretario de Deportes de Argentina, el ex futbolista de Huracán y River Plate Claudio Morresi, cuyo hermano Norberto, de 17 años, desapareció el 23 de abril de 1976.

Militante político fue también el ex tenista Daniel Schapira, quien llegó a estar entre los diez mejores del ranking juvenil argentino, y que fue secuestrado el 7 de abril de 1977, como lo recuerda una plaqueta grabada en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) de Buenos Aires.

Adriana Acosta, integrante de la selección argentina de hockey sobre césped, Las Leonas, como se las bautizó por sus éxitos internacionales en los años '90, fue secuestrada el 27 de mayo de 1978 y su cuerpo tampoco fue recuperado, como ocurrió con miles y miles de casos en la Argentina del general Jorge Rafael Videla.

El futbolista Carlos Alberto Rivada fue secuestrado el 2 de febrero de 1977, apenas horas después de jugar para Huracán de Tres Arroyos, un equipo que hace cuatro años actuó en la Primera División de Argentina. Más suerte tuvo su colega Claudio Tamburrini, que era arquero suplente del club de Segunda División de Almagro, cuando fue secuestrado el 23 de noviembre de 1977. Tamburrini, hoy filósofo en Gotemburgo, Suecia, escapó de su prisión el 24 de marzo de 1978, como lo cuenta en su libro Pase Libre, llevado al cine por Adrián Caetano bajo el nombre de Crónica de una fuga e interpretado por el actor argentino Rodrigo De la Serna, quien trabajó en Diarios de Motocicleta, la película sobre la vida del Che con el mexicano Gael García Bernal.

También arquero fue Claudio "Gato" Andrada, quien llegó a actuar en la selección argentina y ganó celebridad internacional cuando atajaba para Vasco da Gama y sufrió el gol número mil anotado por Pelé. Pero a diferencia de Tamburrini, que militaba en organizaciones políticas de izquierda, Andrada, en cambio, fue acusado de integrar grupos militares de represión en aquellos años, según informes publicados un mes atrás por la prensa argentina.

Contrariamente a lo que podría pensarse, no fue el fútbol, que es el deporte más popular, sino el rugby, de origen mucho más acomodado, el deporte con mayor número de desaparecidos durante la dictadura derechista que azotó a Argentina entre 1976 y 1983. El libro Deporte, Desaparecidos y Dictadura, escrito en 2006 por el periodista Gustavo Veiga, cuenta la historia de casi una veintena de rugbiers del Club La Plata, todos desaparecidos por su compromiso social y político, algunos simplemente por trabajar en barriadas pobres y otros por haber elegido la vía armada.

Sus nombres aparecen también en un documental brasileño Atletas y dictaduras, la generación perdida, de Marco Vargas y Marcelo Outeiral. Ellos encontraron en su país los casos de los boxeadores Osvaldo Orlando da Costa (Osvaldao) y Virgilio Gomes da Silva, el primero campeón carioca con el club Botafogo, muerto en 1974 por el Ejército, que expuso su cabeza en público, y el segundo torturado hasta morir, tras participar en 1969 del secuestro del embajador estadounidense Charles Elbrick.

Helenira Rezende, basquetbolista de la selección de Assis, figura en la región de Alta Sorocabana, en el interior paulista, ya había dejado el deporte cuando fue ametrallada en 1972, antes de unirse a la guerrilla de Araguaia, mientras que Carlos Alberto de Freitas (Beto), fue pivote del Minas Tenis Club y dirigente de la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, cuando murió baleado en 1969. El remero de Porto Alegre José Humberto Bronca murió en 1973 en la selva de Araguaia.

En Uruguay, el boxeador Gualberto Floreal García, medalla de oro peso mosca en los Juegos Panamericanos de San Pablo 1963 y militante tupamaro, fue acribillado a balazos por el ejército de ese país en los llamados "Fusilamientos de Soca", el 20 de diciembre de 1974.

En Chile, otro boxeador, Wagner Salinas, pagó con su vida haber trabajado al servicio de seguridad del ex presidente Salvador Allende, derrocado por el pinochetismo, una dictadura que también mató a los ciclistas Luis Guajardo Zamorano (miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y Sergio Tormen Méndez (hermano de Richard Tormen, única medalla de oro de Chile en los Juegos Panamericanos de Puerto Rico 1979).

El libro El fútbol sin ley, escrito en 1980 por el periodista Julián García Candau, recuerda los nombres de los numerosos futbolistas vascos que murieron combatiendo o en las cárceles en la Guerra Civil española, aunque los jugadores más consagrados fueron preservados para jugar en el exterior y denunciar al mismo tiempo el castigo del franquismo al pueblo vasco.

¿Podría olvidar este recuerdo a los cerca de trescientos futbolistas judíos desaparecidos en Alemania durante el nazismo, con el caso emblemático de Julian Hirsch, héroe nacional antes de la subida de Hitler, lo mismo que el austríaco Matthias Sindelar, quien sufrió una muerte misteriosa luego de marcarle dos goles a Alemania y de negarse a jugar en la selección anexada?

Un caso distinto podría ser el de Pat Tillman, el astro de los Cardinales de Arizona del football de Estados Unidos que renunció a un salario de 3,6 millones de dólares para alistarse en el Ejército e ir a Afganistán, conmovido por el atentado a las Torres Gemelas de 2001. Murió en 2004, bajo fuego propio y por una causa cuya legitimidad muchos discuten. Pero convencido también de que su condición de ídolo deportivo no lo eximía de otros deberes.

Pero el caso más dramático, tal vez, sea el del FC Start, el equipo de cracks ucranianos que se negaron a perder ante los equipos nazis en los tiempos de la Kiev ocupada y algunos de los cuales fueron fusilados luego en campos de concentración, aunque otros sobrevivieron y sufrieron después la purga stanilista. Se los acusó de haber "confraternizado" con el enemigo.

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