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AFP
Floyd Mayweather Jr. luego de su victoria sobre el inglés Ricky Hatton en Las Vegas, a fines de 2007.
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Ezequiel Fernández Moores
Buenos Aires, Argentina
Cuando el sábado 23 de marzo dos pugilistas de las ex repúblicas soviéticas pelearon por el título mundial de los pesados bajo silbidos y reclamos de mayor acción de 14.000 personas en el mítico Madison Square Garden de Nueva York, el boxeo ofreció una postal perfecta de su decadencia actual.
La postal se completó sólo horas después, primero cuando Floyd Meayweather Jr., el mejor boxeador de la actualidad según los especialistas, anunció que participará de un combate de lucha libre por una bolsa de 20 millones de dólares y luego cuando Evander Holyfield, de 45 años, reveló que evalúa pelear otra vez contra Mike Tyson, de 41.
El boxeo siempre fue rodeado de un submundo de mafia, escándalo y circo. Pero campeones como Muhammad Alí, Joe Louis, Sugar Ray Robinson o Roberto "Mano de Piedra" Durán, por citar sólo a algunos, dieron igualmente lustre al deporte de los puños. Eran tiempos de peleas míticas, en los que había apenas once campeones, cuyos nombres y divisiones los fanáticos sabían de memoria.
¿Sabe usted acaso quién es Wladimir Klitshsko, el ucraniano de 31 años que el sábado 23 de febrero ganó por puntos al ruso Sultan Ibragimov en una pelea aburridísima y pasó a dominar tres de los cinco títulos mundiales que otorga hoy la máxima categoría del boxeo?
Klitschko, que mide 2,05m, es en realidad una persona mucho más agradable que Mike Tyson. Se recibió en pedagogía y ciencia del deporte, juega ajedrez, es embajador de UNICEF y apoya un proyecto para niños pobres en el Bronx. Pero es un boxeador discreto. Aún así es campeón de la FIB, OMB y OIB. Como él también cree que el boxeo debe retornar a los viejos tiempos de un solo campeón por categoría, buscará el título AMB en poder de un uzbeco llamado Ruslan Chagaev, quien primero se medirá contra el ex kosovar Luan Krasniqi, "El León de Alemania".
La quinta corona, CMB, está en poder del kazajo Olek Maskaev, quien la expondrá el 8 de marzo en México ante el nigeriano Peter Samuel. Klitschko dejaría que por ese título pelee luego su hermano Vitaly, quien retornará al boxeo tras una fallida candidatura política. ¿Y Estados Unidos? Hace años ya que está ausente de la categoría máxima. El Rocky de Sylvester Stallone ganó en Hollywood, pero en los rings reales vence hoy Ivan Drago. Un afroamericano, eso sí, aspira hoy en Estados Unidos a un título mayor, el de la Casa Blanca.
Tal es la falta de nuevos boxeadores pesados en Estados Unidos, que Evander Holyfield, a los 45 años, contó la semana pasada al diario británico The Guardian que evalúa combatir otra vez contra Mike Tyson, que ya tiene 41. Sería un tercer duelo, luego del último de 1997 en el que Iron Mike le arrancó una oreja a su rival de un mordiscón. Holyfield, eso sí, aclaró que realizará un combate previo a ese eventual tercer enfrentamiento con Tyson. Su rival sería George Foreman, de ¡55 años de edad!. ¿Cómo no comprender al público que fue a ver a Klitshko hace dos sábados al Madison Square Garden, que casi lloraba de emoción cuando, antes del combate, se vio por la pantalla gigante al gran Joe Louis?
Estados Unidos, dicen los especialistas, tiene igualmente al mejor boxeador de la actualidad. Se trata de Floyd Mayweather Jr., campeón mundial welter. Nadie puede con él. Pero Mayweather decepcionó a muchos amantes del boxeo al anunciar hace unos días que aceptó una oferta para sumarse al circense espectáculo de la lucha libre. "The circus is in town", suele anunciarse cuando arriba a alguna ciudad la principal entidad de lucha libre, a cuya sigla agregó hace ya tiempo la palabra "entretenimiento" (World Wrestling Entertainment WWE). Esa entidad pagará a Mayweather 20 millones de dólares para un combate circense ante Big Show.
Mayweather, apodado acertadamente "Money", mide 1,73 y pesa 68kg. Big Show, su rival para la pelea del 30 de marzo en Orlando, Florida, lo dobla: 2,13m y 195kg. David y Goliath cambiarán golpes al mentón, artes marciales, piruetas y patadas. La WWE organiza cada semana tres shows en distintas partes de Estados Unidos con una media de 47 millones de telespectadores. La pelea de Mayweather se trasmitirá por la televisión de pago a cambio de casi 55 dólares, 15 dólares más de lo que se cobra por el boxeo en el "Pay Per View", un sistema por el que la HBO, consciente de que sería un fracaso, ni siquiera incluye las peleas del actual rey de los pesos completos, el ucraniano Klitschko.
La contratación de un Mayweather en su apogeo, y no de un Tyson en su decadencia, es un golpe de nocaut de la WWE que dirige Vincent Kennedy McMahom, quien heredó el negocio de su padre, Vince McMahom, el hombre que trasformó lo que era un deporte competitivo en un entretenimiento de resultados pautados. La lucha libre de McMahom se convirtió en uno de los espectáculos más rentables para la TV de Estados Unidos, que ha hecho famosos los nombres de Big Show, Randy Orton, Edge, Batista, El Emperador o Rey Misterio, entre muchos otros de ochenta peleadores-comediantes que participan de sus tres circuitos. Sus difusores siempre celebraron al espectáculo de la lucha libre como "un entretenimiento para toda la familia", un contraste con un boxeo que había ingresado al mundo del canibalismo en la era más salvaje de Tyson.
Pero esa imagen "familia Ingalls" de la lucha libre se desmoronó en junio de 2007 cuando el propio McMahom tuvo que anunciar que uno de sus principales campeones, Chris Benoit, se había suicidado tras asesinar a su esposa e hijo de siete años. La historia de Benoit dejó al desnudo el submundo de luchadores que se ingestan de drogas primero para inflar sus músculos y luego para soportar el dolor y apurar la recuperación de sus lesiones. Algunos medios recordaron entonces las historias de los hermanos Von Erich, Ric Flair, el famoso Dynamite Kid, Eddie Guerrero, British Bulldog y varios otros más, muchos de ellos muertos y con la droga y el alcohol en sus caminos. El mexicano Pierrot recordó hace unos meses su drama personal y Misterio Jr., el peleador actual más famoso de México, ídolo de los niños, no quedó a salvo de los rumores sobre la ingesta masiva de esteroides que domina a la lucha profesional.
McMahom no parece muy inquieto. La semana pasada, los legisladores de Estados Unidos que discuten cómo implantar nuevas leyes antidoping en las Grandes Ligas del deporte profesional de ese país, lamentaron la ausencia de McMahom en el recinto. "El abuso de esteroides en la lucha profesional es probablemente peor que en cualquier otro deporte", afirmó el legislador demócrata Bobby Rush, de Illinois. Pero McMahom cuenta los billetes que le dejará la contratación de Mayweather.
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Terra Magazine