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Al fin, ¿quién es Pedro Páramo?

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Rulfo redimensiona el alcance de su texto para más allá de la simple reproducción de las condiciones sociales de los campesinos mexicanos prerrevolucionarios.

Vinícius Jatobá
Río de Janeiro, Brasil

Ningún silencio fue más enigmático que el del mexicano Juan Rulfo. Su primer libro, el conjunto de cuentos El llano en llamas, es de 1953; Pedro Páramo, su única novela, es de 1955. Después de eso, Rulfo cometió el lujo de sobrevivir a su delgada y absolutamente personal literatura por 31 años hasta que la muerte, que tanta presencia tiene en sus bellas páginas, le brindó con la ironía de una más que saludable vida póstuma.

Ernesto Sábato, justificando su parca producción literaria, afirmó que todo lo que tenía que decir estaba en sus tres novelas; pero, en contrapartida, creó una obra ensayista vasta e interesante que fue capaz de ocuparlo hasta que graves problemas de visión lo alejaron definitivamente del universo de las letras. Rulfo, sin embargo, no tiene álibi alguno a no ser sus propias ganas: su relación con el silencio es uno de los casos de amor más radicales de que se tiene noticia.

El universo literario de Rulfo es una síntesis perfecta entre ética y estética. Sin escapar de un género de denuncia social contemporánea en el momento en que escribió Pedro Páramo, Rulfo redimensiona el alcance de su texto para más allá de la simple reproducción de las condiciones sociales de los campesinos mexicanos pre revolucionarios. Todo sufrimiento alcanza una amplitud más universal en sus páginas, porque Rulfo escribe con un lenguaje cargado de gran vitalidad -no hay palabra en Rulfo que no tenga en sí una justificativa emocional y estética-.

De ese modo, Rulfo, junto con Borges, son los autores más "escritos" de América Latina de expresión española. Una enorme economía de recursos retóricos y una máxima significación textual se encuentran en ambos; sin embargo, lo que ocasionalmente excede en artificialidad en los cuentos de Borges, sobra en vida y pasión en las narrativas de Rulfo -en dos frases estamos dentro de su universo; en dos o tres más, ya nos tornamos un personaje como otro cualquiera-.

Pedro Páramo es una novela para leer y releer; y aunque sea breve, tiene lecturas interminables. Juan Rulfo propone la novela como signo. El texto empieza realista y con un tono más neutro y descriptivo; con el paso de los episodios, el lenguaje empieza a ser más poético y los narradores se multiplican y se contradicen hasta que, finalmente, la novela se torna fantástica.

La búsqueda de Juan Preciado por su padre, Pedro Páramo, motivo central de la narrativa, acaba tornándose una más entre decenas de búsquedas de una novela en la que todos buscan algo que no saben dónde encontrar, y que tal vez no tengan una real consciencia de lo que sea, actuando como si fuera por inercia en un ambiente desolado y triste.

La construcción de la novela es muy sutil y los cambios de realidad se hacen lentamente. No hay precipitación alguna de parte de Rulfo; La transición y la comunicación entre lo real y lo sobrenatural, entre sueño y vigilia, entre memoria y recreación siempre se hace de modo que no disperse la atención del lector de la narrativa.

Como en un inmenso rompecabezas, el texto de Juan Rulfo exige una lectura atenta porque nada en su universo se explica, y una frase o palabra de determinada página puede aclarar o cerrar la sugerencia de decenas de páginas anteriores.

Al final de la lectura, el lector tiene una experiencia única: nos da la impresión de haber atravesado un épico de 900 páginas y no escasas 130; y eso se debe al hecho de que el lector es instigado a interpretar constantemente. Y desde la primera página.

Otra cosa curiosa: el libro no tiene trama, pasa cerca del sutil universo de la novela lírica. Empieza acompañando a Juan Preciado; por un largo momento vislumbra la infancia de Páramo; fragmentos nos cuentan historias de varios habitantes de participación episódica en la trama; Preciado escucha voces, que pasan a organizar el pasado de varios de los personajes; hay una revuelta revolucionaria; también está Suzana, que domina el final de la novela. De ese modo, lo que condensa y da unidad a la novela también es una búsqueda: ¿Quién es Pedro Páramo?

Cada lector termina con una imagen diferente de él, porque solamente se tiene acceso a fragmentos de lo que Páramo puede ser o diálogos en los que él dice generalmente lo que no siente. Juan Rulfo fue un escritor comedido que solamente supo caminar superlativamente y sus escasas páginas son uno de los más grandes monumentos que la literatura latinoamericana contemporánea legó al mundo.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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