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La mayoría de grupos paramilitares colombianos entregó sus armas y equipos al gobierno de Alvaro Uribe. Sin embargo, hay consenso en que no han entregado la mayoría de sus bienes, que deben destinarse a la compensación de las víctimas.
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Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia
El ex presidente colombiano Ernesto Samper Pizano, en su momento en el ojo del huracán narcopolítico, ha dedicado buena parte de su energía en los últimos años a los tema humanitarios, como la liberación de secuestrados en poder de las FARC mediante la negociación política. Hay quienes, afirman, sin embargo, que no ha estado tan ausente del tejemaneje político, de las alianzas y las posiciones de poder.
En entrevista con Terra Magazine, Samper habló sobre las perspectivas de las víctimas del conflicto colombiano, derechos humanos, justicia penal internacional. "El país está en una crisis humanitaria muy grande y tengo la impresión de que el gobierno no se ha dado cuenta de cuál es la lectura internacional de lo que está pasando en Colombia", advierte el ex mandatario.
Samper reitera, además, que su gobierno no tuvo nada que ver con el asesinato del jefe del partido Conservador, Alvaro Gómez Hurtado, como ha deslizado su ex ministro de defensa, Fernando Botero.
Terra Magazine: La noticia que más circula en el cotarro político colombiano es la del hundimiento por parte del gobierno de la ley de víctimas que pretendía reparar y hacer justicia con las víctimas del estado y de sus aliados paramilitares...
Ernesto Samper: Eso tendrá un impacto internacional demoledor, porque uno no puede sacar la ley de los paramilitares con el principio de oportunidad para, prácticamente, garantizar la "impunidad" de 19 mil paramilitares de base y, simultáneamente, rechazar una ley de víctimas que lo que pretende es darle un mínimo resarcimiento moral y económico a los que fueron víctimas de esos que estamos perdonando. Hay que establecer un equilibrio entre el perdón y la reparación. En Colombia le está dando el perdón a los victimarios y no le están dando, ni ofreciendo ninguna reparación a las víctimas.
Es una bofetada para su partido liberal, que encabeza de su amigo, el senador Juan Fernando Cristo, impulsaba la ley de víctimas...
Sin duda: Uno no le puede decir a la víctima, mire, usted tiene derecho a su reparación si la ataca la guerrilla, si la ataca los paramilitares, ahora, si lo atacan los representantes del estado, como sucedería, por ejemplo, en los falsos positivos, ahí le toca esperarse entre 12 y 15 años a que la justicia se pronuncie.
En ese sentido, últimamente el país y el gobierno de Uribe está muy observados por la comunidad internacional y por los organismos de control y fiscalización en derechos humanos. Ha venido un relator de la ONU para las desapariciones forzadas y los ajusticiamientos extrajudiciales. La ONU se ocupa del caso de la intervención de teléfonos de la oposición por parte del gobierno, hay una observación general de las ONG. ¿Cómo analiza usted que en Colombia las organizaciones internacionales llegan con el propósito de combatir la impunidad?
Me parece que no es malo que venga todo el que quiera ayudarnos a vigilar el estricto respecto de los derechos humanos. Estamos, por supuesto, invadidos de organizaciones que pueden venir porque esta es una democracia y porque hay una institucionalidad. Creo que eso tiene un efecto positivo internacional y es que estamos aceptando democráticamente que haya una vigilancia internacional. La parte negativa de esto es que la crisis humanitaria de Colombia ya se volvió un tema internacional; no nos engañemos, tenemos la medalla de oro en desplazados, tenemos la medalla de oro en enfrentamientos con el poder judicial, con el poder ejecutivo, tenemos la camiseta amarilla en el tema de los secuestros. El país está en una crisis humanitaria muy grande y tengo la impresión de que el gobierno no se ha dado cuenta de cuál es la lectura internacional de lo que está pasando en Colombia. Tal vez porque pasan tantas cosas, ya no nos sorprende nada.
Hay quienes auguran que justamente el atornillamiento al poder del presidente Uribe y su ambición de ser reelegido por segunda vez, tiene relación con eso: el presidente y sectores del Estado que han tenido que ver con fenómenos de violación de los derechos humanos, le tienen miedo a la justicia internacional...
Eso lo están utilizando algunos asesores del presidente para tratar de meterle miedo
Usted cree que es al revés, entonces.
Sí. Además, si hubiera una hipótesis no funcionaría porque Colombia, precisamente, lideró la propuesta en la constitución de la corte penal internacional de que la corte solamente opera cuando se demuestre que la justicia de cada país no funciona, y yo creo que aquí hay, con todas las dificultades, una justicia independiente, tenemos una justicia que funciona, tenemos una constitución que le sirve de marco a la operación de esa justicia.
Pero inclusive, en el sentir de la gente, es decir, en eso que se convierte en cultura y en dinámica y en atmósfera de lo popular, están pidiendo justicia internacional. Johnny Silva, un estudiante de la universidad del Valle, fue muerto por un disparo hecho por la policía antidisturbios, y hoy la familia de este muchacho, decidió que retiraba toda causa de los procesos nacionales y se iba a las cortes internacionales.
Esa desconfianza con lo nacional me parece que es muy grave. Hay una dinámica en el país muy complicada, en la cual lo único que es efectivo, lo único que está funcionando, son los organismos policiales o militares, y eso me preocupa.
Además de los asesinatos de civiles que luego son presentados como supuestos guerrilleros (caso que se conoce como el de los falsos positivos), hay también falsos judiciales: sectores de la fiscalía y de los jueces que producen determinadas sentencias injustas, para ascender en su carrera. Por ejemplo los casos de la Farc-política, como en el caso del senador Robledo del izquierdista Polo Democrático, que durante 35 años no ha hecho más que señalar a las Farc y alejarse de ellos y cuyo partido, el Moir, tiene 40 muertos por cuenta de las Farc, y a quien la Procuraduría de bolsillo de Uribe, investiga por guerrillero.
Lo de Robledo es absolutamente inadmisible, es decir, una persona que se ha caracterizado por estar esencial y visceralmente contra las Farc, inclusive, irracionalmente en muchos casos, pues que termine ahora acusado de tener vínculos con las Farc me parece que eso si es absolutamente inadmisible. Es como si acusara a un cura de manejar una casa de citas.
Casos se ven. Pero inculpar al senador Robledo pues justamente lo que produce es poner en evidencia la incoherencia de la Farc-política toda...
No se le puede dar el mismo tratamiento a la Farc-política que a la para-política. Una cosa son los intermediarios ganaderos que buscaban a los paramilitares para asegurar sus zonas para conseguir un poder político, para despacharse, inclusive, del presupuesto público, y otra cosa muy distinta es que haya personas que estén haciendo gestiones de paz o que estén buscando sacar a un secuestrado, o que inclusive, estén buscando una salida política al conflicto armado, que es absolutamente válido. Es que los paramilitares estaban dentro del Estado buscando reforzarlo cometiendo masacres y todo tipo de episodios violentos.
En los últimos 32 años hay 49 mil desaparecidos por cuenta de agentes del estado y sus aliados, los paramilitares...
De acuerdo, pero también se logró convencer a los organismos internacionales de derechos humanos que el problema de las desapariciones, que el problema de las violaciones de los derechos humanos no era solamente una responsabilidad de las fuerzas armadas, o de los paras, sino también de la guerrilla.
La política coyuntural. Así como hay una enorme corriente que apoya la reelección del presidente Uribe, también se siente una atmósfera anti reelección, no solamente en los partidos como el suyo , como el Polo, sino en diferentes sectores sociales. ¿Usted cree que se le está complicando la reelección al presidente?
Digamos que estamos divididos como en tres grupos: los anti reeleccionistas que son anti uribistas , los reeleccionistas que son furibistas, y un grupo de los que no somos reeleccionistas, que sin tomar esto pasionalmente, pensamos que institucionalmente sería muy malo para el país que hubiera un tercer periodo del presidente Uribe. Es de la esencia de la democracia la alternación en el poder, esa alternación es refrescante, oxigena, permite presentar nuevos proyectos, permite hacer control político; por cuenta de estos seis años el presidente lamentablemente ha concentrado el poder económico, el poder político, de alguna manera tiene una influencia inusitada sobre el poder judicial. La política lamentablemente en los últimos seis años ha girado entre uribistas o anti uribistas; y de alguna manera Uribe le ha fijado la agenda inclusive a la oposición. Hay que preservar la institucionalidad que es que los jueces funcionen dependientemente, que no se metan con la libertad de prensa, que se respete la separación de poderes, que haya un control político efectivo por parte de la oposición. La gente no ve que detrás de la reelección de Uribe lo que hay es una maquinaria monstruosa para reelegir a todos los parlamentarios que apoyen a Uribe.
Otro tema: se ha reactivado el proceso por el homicidio del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, ocurrido durante su gobierno. Su ex ministro de defensa Fernando Botero pretende inculparlo a usted.
Quien quiera realmente indagar que pasó en el asesinato de Álvaro Gómez, que indague como se movió la conspiración contra mi gobierno. Ese crimen está estrechamente ligado a la conspiración que se hizo para derrocar mi gobierno; y hay sectores interesados en que se le dé una connotación absolutamente conceptual al crimen como crimen de estado. Es como decir que a Luis Carlos Galán lo mató el narcotráfico o que a Gaitán lo mató la oligarquía; eso es decir todo y no decir nada. Me parece que aquí lo que hay son unos personajes que participaron en una conspiración que estaban divididos en tres niveles: el nivel de los conspiradores de cóctel, el nivel de los conspiradores ideológicos, que era los que estaban en la derecha, y los conspiradores de sangre, que eran los que tenían la intención de llegar hasta a matar. En algún momento se revolvieron todos, y los conspiradores de sangre pensaron que iban a tener el apoyo de los de cóctel y a la vez iban a poder gobernar con lo que pensaban los de la derecha. No hay nadie más interesado en que se sepa qué paso con el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, que yo: era mi amigo, con el cual íbamos a almorzar la semana siguiente a la cual fue asesinado, que seguramente tuvo algo que ver con su asesinato. Su crimen está estrechamente ligado a lo que fue la conspiración contra mi gobierno
¿Y a usted no le interesaría, en un momento dado, hacer tomar una posición de carácter judicial frente a esto?
Le he dicho varias veces al fiscal que cuando quieran escuchar mi versión sobre estos hechos, estoy dispuesto a darla, encantado, porque yo soy el más interesado en que se sepa la verdad.
Terra Magazine