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AFP
La economía, más allá de los números y estadísticas, se basa en el comportamiento de los seres humanos.
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Día tras día, economistas de los cuatros rincones del planeta se ponen a pensar para tratar de entender los motivos que generaron la actual crisis en el sistema financiero mundial. Motivos y consecuencias. Por ahora, parece que tantean en la oscuridad: los mercados siguen oscilando y nadie arriesga un pálpito sobre hasta cuándo la tormenta se extenderá. ¿Estaría el discurso lógico y matemático también en crisis, esta vez, existencial?
La economía en el diván.
En un esfuerzo para comprender mejor los (malos) humores del Mercado, Terra Magazine charla con la psicoanalista y especialista en psicología económica Vera Rita de Mello Ferreira, autora del primer libro "Psicología Económica - Estudio del comportamiento económico y de la toma de decisión".
"Mientras la Bolsa sube las personas tienden a alejar de la consciencia la percepción de que existe un riesgo, de que no hay seguridad absoluta. Cuando empieza a caer, esa percepción vuelve con mucha fuerza y, entonces, parece un fantasma, un horror, una cosa monstruosa a la que usted no va a sobrevivir", dice la psicóloga.
Vera también es representante del IAREP (International Association for Research in Economic Psychology) en Brasil, además de ser coordinadora adjunta y profesora del curso "Psicoanálisis y Psicología Económica", en la PUC-SP (Pontifica Universidad Católica de São Paulo).
La especialista recuerda que la economía, a pesar del montón de números y estadísticas, se basa en el comportamiento de los seres humanos. Estos, a su vez, son movidos por la emoción, lo que ayuda a delinear un cuadro de poca racionalidad en el mundo financiero.
Dicho esto, ¿cómo se comportarán los inversionistas de aquí en adelante?
"Nosotros le llamados falacia del apostador. Él está allá en el casino perdiendo, perdiendo y perdiendo. ¿Deja de jugar y se va a dormir? No. Él se quedará allá para ver si recupera lo que perdió", afirma Ferreira.
Terra Magazine: Estamos viendo una enorme volatilidad en las Bolsas y ese movimiento muchas veces se basa en expectativas, y no en datos concretos. ¿La economía mundial vive una histeria en este momento?
Vera Ferreira: Es un momento de pánico que estamos viviendo, un crash. Eso sucede regularmente después que explota una burbuja. En otras palabras, cuando la burbuja se forma, existe una contaminación de esa creencia de que será fácil ganar dinero para siempre, que está todo perfecto y que no explotará jamás. De que es solamente dejar el dinero allá y despreocuparse. Las personas, en ese momento, se olvidan de que la Bolsa involucra un riesgo - y es justamente por eso que ofrece un retorno mucho mayor que otras inversiones conservadores. La gente se contagia con ese espíritu de manada. Esas personas, cuando empiezan a surgir inestabilidades que siempre existen, son las que se preocupan más, porque probablemente acabarán perdiendo dinero de verdad: ellas entraron en el alza y quieren deshacerse de los papeles en la baja. Eso es lo opuesto a lo que todo el mundo dice en las finanzas. Cuando la Bolsa está en alza, las personas quieren siempre ganar más y más. Y a veces acaban dejando un porcentaje mayor de sus recursos en la Bolsa sin notar que están haciendo eso. Entonces, cuando cae la bolsa, el susto es mucho más grande, porque una parcela mayor del patrimonio está perdiendo valor rápidamente.
TM: Desde el punto de vista psicológico, ¿qué explica esa atracción de los inversionistas por el riesgo en un mercado que es, en gran medida, virtual? Y, también, ¿cómo explicar la reacción cuando sucede ese momento de ruptura?
VF: Las dos cosas están interconectadas. Para empezar, existe la voracidad. Las personas siempre quieren ganar más. Y, en el caso de que sea aparentemente fácil, la manera de ganar, como parece ser (en el mercado financiero), eso acaba atrayendo mucho a las personas, sin duda. Ahora, mientras la Bolsa sube las personas tienden a alejar de la consciencia la percepción de que existe un riesgo, de que no hay seguridad absoluta e, incluso, que ellas mismas pueden correr riesgos al distribuir una parte tan grande de sus recursos allí, si es ese el caso. Cuando empieza a caer, esa percepción vuelve con mucha fuerza, con toda la fuerza que usted había usado para alejarla de su consciencia, como un resorte, y parece un fantasma, un horror, una cosa monstruosa a la que usted no va a sobrevivir. Y hay otro factor en eso.
TM: ¿Cuál?
VF: La psicología económica analiza en diversas situaciones experimentales que, cuando las perspectivas son de pérdida, las personas, muchas veces, acaban abrazando el riesgo mucho más que si lo hicieran en situaciones normales. Entonces cuando una persona está perdiendo, ella va a perder con relación a un pico virtual. La mayoría ni siquiera hará un cálculo para ver cuánto realmente está perdiendo, si es que está perdiendo con relación al aporte inicial que ella había hecho.
TM: Incluso, porque la pérdida solamente se concreta cuando el perjuicio se realiza.
VF: Exactamente, así como la ganancia. Mientras eso es todo virtual, mucha gente está deshaciéndose de los papeles, tanto que ellos están cayendo. Eso muestra que mucha gente está perdiendo también. La persona empieza a dudar: ¿lo vendo ahora o espero? Si ella, por ejemplo, necesita el dinero a corto plazo, no debería haber entrado en la Bolsa si es ese el horizonte temporal... Ella piensa: 'no, voy a esperar un poco más para ver si vuelve a subir y yo logro recuperar lo que perdí'.
TM: Sería algo como: "ya está verdaderamente malo, entonces voy a pagar para ver si va a empeorar o si mejora un poco".
VF: Sí, más o menos. Nosotros le llamamos falacia del apostador. Él está allá en el casino perdiendo, perdiendo y perdiendo. ¿Él deja de jugar y se va a dormir? No. Se quedará allá para ver si recupera lo que perdió. Lo que pasa es que eso no sucede. Normalmente, sigue perdiendo. Si la persona piensa a largo plazo, entonces deja el dinero allá. ¿Qué va a hacer con él ahora? Mucha gente no piensa en eso, solamente piensa en intentar librarse del malestar de la pérdida. No es que siempre tengamos aversión al riesgo; tenemos aversión a la pérdida siempre. Nadie quiere perder. Entonces al intentar evitar una pérdida, las personas acaban corriendo más riesgos.
TM: Usted habla sobre pérdidas. ¿Se puede hacer una analogía entre las pérdidas en el mercado financiero y las pérdidas y traumas vividos por las personas en el día a día? ¿El mecanismo es semejante?
VF: Sí, sí. Todo el mundo odia perder - a menos que sea peso (risas). El problema es que nosotros valorizamos cualquier cosa que ya tengamos, porque es nuestra, y no queremos ni pensar en la posibilidad de quedarnos sin eso, o incluso sin el sentimiento o la persona, como perder el novio, etc. Entonces la frustración, ya entrando por el lado del psicoanálisis, es lo que nos pone más a prueba. Porque nosotros hacemos de todo para evitar sentimientos de frustración y la frustración con relación al plan que usted había hecho, "me volveré millonario en 15 minutos", de repente... De repente nada, a propósito: ya se comenta que la burbuja va a explotar hace más de un año. La única cosa que no estaba prevista era el momento exacto que la catástrofe sucedería. Cuando Robert Shiller, autor del libro Exuberancia Irracional, sobre la Burbuja de Internet, estuvo en Brasil, yo le pregunté: "¿Cree usted que las personas están aprendiendo más con esas experiencia de explotación de la burbuja?". Su respuesta fue: "yo soy escéptico".
TM: ¿Se puede, con base en ese perfil psicológico, tener una previsión de cómo los agentes económicos van a actuar de aquí en adelante? ¿Y en qué medida una expectativa mala puede, por si sola, resultar en nuevos problemas para los mercados?
VF: Existen emociones que guían todos nuestros comportamientos. Eso es lo que el psicoanálisis dice hace más de 100 años, y es lo que la psicología económica está empezando a decir también. No existe ningún comportamiento, pensamiento o decisión humana que no esté fundamentado en raíces emocionales. Eso está presente todo el tiempo. Lo que pasa es que, cuando las cosas están aparentemente bien, nadie se acuerda de eso. Todo el mundo tiende a atribuir a mecanismos maravillosos y mecanismos perfectos, como que "ahora el mercado está súper equilibrado". Todo eso es mentira. Basta con que aparezca una turbulencia como esa, entendida como una especie de ventana epistemológica, para que entendamos lo que está sucediendo, que aparece en toda su crueldad cómo nosotros somos movidos por las emociones. Antes, la emoción de la ganancia, de la voracidad. Se pedía que alguien explicara esa contabilidad estrafalaria de los bancos estadounidenses, pero nadie lo lograba. ¿Quién quería desmenuzar eso en ese momento? Nadie. Todo el mundo quería seguir ganando dinero creyendo que iba a durar por toda la eternidad. Cuando esas expectativas son frustradas, ahí todo el mundo para. Es decir: cuando está todo bien, las personas no están interesadas (en entender el problema).
TM: Hay un discurso muy frío y matemático vigente hoy en día para explicar la economía, pero hay quien defienda que es una ciencia humana con componentes que no son racionales...
VF: Sin duda. Quienes hacen la economía son los agentes económicos, que son seres humanos. ¿Cómo se constituyen los humanos? Imperfectamente, con una serie de limitaciones, un montón de precariedades y fundamentados en un funcionamiento emocional, que no sigue la lógica formal. Él sigue la 'psicológica'. Esas decisiones no son nada consistentes. Mi frase preferida es la siguiente: "La razón es esclava de la emoción y existe para racionalizar la experiencia emocional". En otras palabras, nosotros podemos hacer de cuenta que es todo racional, todo lógico. Pero no lo es. Inventar disculpas justificativas es la cosa más fácil que hay. Incluso un niño de seis años, que uno encuentre robando dulces, le da un montón de explicaciones.
TM: ¿Ese intento frustrado de explicar racionalmente la crisis explica de alguna manera el desespero del mercado al no encontrar una solución para ella?
VF: Sí, sí. Incluso hay un chiste: "Se hace una previsión. Está equivocada. La semana siguiente, (el autor de la previsión) dará conferencia sobre eso". Cada vez más nosotros vemos que algunos economistas incluyen esas variables psicológicas en sus análisis. Y es evidente que se debe hacer. En 2002, Daniel Kahneman, psicólogo económico, ganó el Premio Nobel de Economía. En 1978, otro investigador, llamado Herbert Simon, ya lo había ganado también. Él se había diplomado en psicología y en economía. No tuvo mucha repercusión porque, en aquel momento, había un montón de teorías de liberalización de los mercados y a nadie le interesaba porque "los mercados son eficientes"...
TM: ...era el comienzo del "fin de la historia", de Francis Fukuyama...
VF: Sí, que no es fin, ¿no? Eso que estamos viendo ahora ya se repitió. Claro que, ahora, hay algunos factores que son un poco diferentes. Mercado globalizado como nunca hubo, el peso de China en la economía mundial, que todavía es incierto, el exceso de dólares (en China) no tocados. A propósito, ese aumento del dólar es muy curioso.
TM: ¿Por qué?
VF: El mundo quiere comprar dólares en el momento en que la economía que sustenta el dólar se está derritiendo. Entonces, da una impresión -y eso es una hipótesis especulativa, incluso- de que hay una especie de "anclaje". Es decir, las personas tradicionalmente siempre corrieron hacia el dólar, y no se están parando a pensar. Ellas están corriendo hacia el dólar en el piloto automático. Me da esa impresión.
TM: ¿Y les puede, digamos, ir mal nuevamente?
VF: Creo que no (reducir la cotización del dólar) a corto plazo. La gente que se va de viaje no sabe si compra dólares. Es mejor comprar, por lo que estamos viendo, por lo menos esta semana... Si bien esas cosas son muy rápidas. Yo fui a Roma a fines de agosto, y recibí el Financial Times en el avión. Parecía que me había ido a otro planeta, porque allá la crisis ya estaba completamente decretada. Y en Brasil no. Aquí estaba "oh, qué alegría, todo va bien".
TM: ¿El paquete de US$ 700 mil millones aprobado por el Congreso de los Estados Unidos, por su propio valor, abultadísimo, debería tener, de cierta forma, un efecto placebo sobre el mercado?
VF: Depende de cómo el mercado lo perciba. El efecto placebo es muy poderoso, las personas pueden realmente sentirse mejor solamente porque tomaron el placebo, si creyeron que no es placebo. Entonces, yo no lo llamaría efecto placebo. Yo creo que eso tiene que ver con cómo el mercado va a captar esa información y si va a creer que es la solución. Todo el mundo cree que está todo perdido de verdad. Se tardará mucho para recomponer eso.
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