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¿Se terminó el capitalismo en los Estados Unidos?

AFP
"La compra estatal de AIG por 85 mil millones no solamente viola todos los principios de la economía libre de mercado, sino que además altera las reglas de juego más básicas de Wall Street".

Pablo Calvi
Nueva York, EE.UU.

El paquete de rescate que el gobierno de los Estados Unidos está ultimando en estas horas, que requerirá entre 750 mil millones y un billón de dólares en aportes del tesoro nacional y estará destinado no solamente al salvataje de entidades financieras sino además a la compra de pequeños créditos hipotecarios impagos o en alto riesgo de default, ya genera dudas no sólo de corto plazo sino, también, de índole filosófica.

Una de las primeras y más importantes la formuló la semana pasada el premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz al señalar que la intervención del estado a semejante escala viola todas las reglas del capitalismo.

Según explicó el profesor de la Universidad de Columbia, Wall Street, entre eufórica y optimista, entró desde el jueves pasado en un estado de tremenda confusión. Según el intelectual, la compra estatal de AIG por 85 mil millones no solamente viola todos los principios de la economía libre de mercado, sino que además altera las reglas de juego más básicas de Wall Street. La intervención comenzó además a enviar señales confusas a un mercado en crisis, dado que el dinero del tesoro fue a parar justamente a las manos de quienes, en el contexto real, fueron quienes tomaron las peores decisiones económicas. Basta pensar como ejemplo en una carrera en la que se premia no a los que llegan primero a la meta, sino a los que se han quedado en el camino.

Claro, quienes habrían sido naturalmente los perdedores en la pulseada capitalista, Merrill Lynch, AIG, Fannie Mae y Freddie Mac, resultaron a fin de cuenta ganadores en un esquema de mercado distorsionado por la mano del estado. Las acciones de AIG, por ejemplo, que entre lunes y martes habían caído más del 94%, terminaron la semana con ganancias récord luego del primer salvataje del gobierno.

A esta altura, como señala el brillante economista Paúl Krugman en su columna del New York Times, "ya nadie cree que el estado sea un problema, sino más bien la solución". Hasta el mismo Paul Volker, ex presidente de la Reserva Federal, en una editorial publicada por el Wall Street Journal, asegura que la única solución a la crisis es la creación de un ente estatal que se haga cargo de las masivas pérdidas en el sector financiero. Pero claro, con crisis y la intervención del estado en Wall Street, el gobierno ultraconservador de George W. Bush y muchos de los defensores ultranza del capitalismo ortodoxo, han tenido que comenzar a prenderle fuego a sus bibliotecas.

"Persiguiendo su propio interés, el capitalista generalmente promueve además los intereses de la sociedad mucho mas efectivamente que si de hecho intentase brindarle a la sociedad algún tipo de beneficio", escribía Adam Smith en su obra capital, La Riqueza de las Naciones, en 1776. Según el primero y más citado de los teóricos del capitalismo, las sociedades y los mercados operan mejor cuanto más egoístas son las intenciones de sus agentes económicos. El egoísmo colectivo, al que Smith compara con una "mano invisible", es para el filósofo inglés el agente de control más efectivo que tienen no sólo los mercados sino las economías en todos sus múltiples niveles. Claro que la realidad es muchas veces más rica que la teoría.

El viernes pasado, en una escueta presentación ante los medios, el presidente Bush dijo que el estado se veía en la obligación de intervenir excepcionalmente en un mercado en plena crisis. "Ha sido la codicia de Wall Street la que nos llevó a este extremo", justificaba ni más ni menos que el candidato republicano John McCain en un rally partidario desde Michigan. "Es la filosofía política de este gobierno y de muchos anteriores la que ha entrado en crisis con el desplome de Wall Street", se sumó a las declaraciones el candidato demócrata Barack Obama desde Florida.

Lejos quedaron, Krugman desde su columna, las recomendaciones del magnate bancario Andrew Mellon al trigésimo primer presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover: "Deshágase de los trabajadores del estado, deshágase del stock, de las tierras y de las propiedades del estado" aquellas sugerencias desembocaron en la crisis financiera de los años 30 y fueron la causa de un nuevo pacto económico social, el New Deal de Frankln Delano Roosevelt. La pregunta es ¿cuán lejos del capitalismo ortodoxo nos dejará el nuevo paquete económico? O, para ponerlo en palabras de un inversionista aterrado: ¿es que ya se terminó para siempre la era del capitalismo salvaje en los Estados Unidos?

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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