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EFE
Charly García fue transportado en una ambulancia el 31 de julio de 2008, luego de que una jueza ordenara su traslado a una clínica neuropsiquiátrica de Buenos Aires, donde continuará su tratamiento contra las drogas y el alcohol.
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Pablo E. Chacón
Buenos Aires
Charly García, acaso uno de los más importantes músicos del rock argentino, no pudo con su "genio" y después de una primera internación en una clínica psiquiátrica, autorizada por su hijo, Migue, y por las autoridades judiciales, parecía haberse recuperado de un cuadro de neumonía, desnutrición, intoxicación y ansiedad que lo empujó a destruir la habitación de un hotel en la ciudad de Mendoza, y también a pasearse como dios lo trajo al mundo, para escándalo de algunos pasajeros que vieron cómo se materializaba en la conserjería un flaco de barba cana, desnudo y con un vaso de whisky en la mano, para solicitar, amablemente, algunos comprimidos de rivotril (un ansiolítico cuyo principio activo es el clonazepam), quizá para conciliar el sueño después de una noche agitada, acompañado por dos 'groupies' y según la policía de esa provincia, particularmente conservadora, también por una bolsa con más de veinte gramos de cocaína.
El músico, desmadrado, fue insultado por uno de sus colegas, chileno, y eso desató la furia de García, que esa misma noche había suspendido un show en la exclusiva localidad de Chacras de Coria, en las afueras de la capital mendocina, por encontrarse "indispuesto".
Esa misma mañana, García fue internado en un nosocomio de esa ciudad (la filmación de cómo los paramédicos le inyectaban sedantes, seguramente vendida a buen precio, fue emitida por todos los canales posibles, dando el periodismo una muestra de amarillismo que se creía superada). El autor de Viernes 3 AM ingresó al sanatorio, maniatado y ensangrentado. Desde Mendoza fue trasladado a Buenos Aires donde estuvo alojado (y sedado) en la suite presidencial del Hospital Argerich, cedida por la titular del Ejecutivo nacional, Cristina Fernández de Kirchner, Y desde ese lugar, dos días después, y después de otro ataque de ansiedad e ira, pasó poco más de un mes en una clínica psiquiátrica (no especializada en adicciones). Las visitas eran reguladas y poca la gente que lo visitaba, entre quienes estuvieron su compañero de Sui Generis, Nito Mestre, el ex bajista de La Máquina de hacer Pájaros, Pedro Aznar, y el cantautor León Greco, además de su hijo.
El comportamiento más o menos normal del músico y su condición de "vigilado", le abrieron las puertas a la quinta que en la localidad de Luján posee su amigo Palito Ortega: tenía pianos y guitarras y lo seguía con sigilo, un acompañante terapéutico.
Pero la cosa apenas duró cinco días. Según se sabe ahora, el cuadro de descompensación hemodinámica y febril por el cual fue trasladado de urgencia al Hospital Guemes de la Capital Federal, era algo más complicado: su ex manager, Fernando Seresesky, habría dicho que García "tomó un remedio que le cayó mal", contraindicado para los que ya estaba tomando y que eso precipitó el pasaje al Guemes.
La realidad indica que el músico no tuvo en Luján otras visitas, y que se está investigando, según revelaron a Terra Magazine fuentes judiciales, qué tipo de "remedio" le cayó tan mal al compositor. Entre otras cosas, trascendió que en esta ocasión su hijo Migue no visitó a su padre, y tampoco su ex mujer, María Rosa Yorio. La internación fue una orden del juzgado que estudia esa sustancia, a falta de familiares con firma autorizada.
¿Está García con el agua al cuello?
Así parece indicarlo todo: las deudas, que se acumulan día tras día; la pérdida de amigos, que no soportan más sus "excentricidades" de glamorosa estrella de rock en un país decadente; y su salud, claro está, comprometida por años de excesos. El futuro inmediato es la clínica para adictos Avril, en el barrio del Abasto, donde las condiciones de internación son casi policiales: García llegó sedado y en condiciones nada óptimas, pero tendrá que cumplir con obligaciones que cualquier mortal supone este hombre debe detestar, grupos de autoayuda, ejercicio físico, tratamiento farmacológico, custodia permanente, etcétera, además de abandonar todos sus objetos personales, como a la entrada de una comisaría, y habitar una habitación con baño privado y un mobiliario mínimo.
Será tiempo de descansar y pensar, y con suerte salir, como salió de ese mismo lugar en su momento Diego Armando Maradona, recuperado de una hepatitis tóxica producto de la ingesta de alcohol.
Charly García tiene la oportunidad al alcance de sus dedos: la música. Antes que transformarse en un cruzado contra la droga (como su colega de Memphis, Adrián Otero), o dejarse ir sin más, los tratamientos a la fuerza más exitosos los han tenido artistas que lograron retornar a sus raíces, John Lennon, Eric Clapton o Brad Mehldau.
El resto son anécdotas de arrepentidos o de reventados que ya están más cerca del arpa que de la guitarra.
Terra Magazine
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