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The New York Times
Thomas L. Friedman
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Thomas L. Friedman
The New York Times
Por primera vez desde que Irán empezó a enriquecer uranio para uso en armas nucleares, tenemos un vislumbre de esperanza de solución diplomática para este problema; desde que no seamos muy diplomáticos, que el régimen iraní entienda que las duras sanciones económicas son una seguridad absoluta y que el uso de la fuerza militar de Israel es una posibilidad activa.
El motivo por el cual ahora tenemos una pequeña oportunidad -y realmente enfatizo la palabra pequeña- de negociar un acuerdo es porque el programa nuclear de Irán siempre fue una estrategia de supervivencia de la "pandilla" que gobierna Teherán: lo que Karim Sadjadpour, un especialista iraní del Carnegie Endowment, llama de "pequeño cartel de clérigos línea dura y soldados revolucionarios nouveau riche que actualmente gobiernan Irán".
Después de fraudar las elecciones de junio, este cartel dominante se volvió más impopular e ilegítimo que nunca. El Presidente Mahmoud Ahmadinejad no logra realizar un mitin en Teherán sin oír "muerte al dictador" más que "muerte a América". Como resultado de eso, su gobierno no tiene cómo lidiar con las duras sanciones que volverían la vida en Irán no sólo políticamente despreciable, pero todavía más económicamente miserable -y su "pandilla" dictatorial todavía más impopular.
Eso no sería una exageración, pues a este régimen nunca le importó infligir dolor a su pueblo, pero esta vez él puede estar más vulnerable. Es por eso que podemos estar en la posición de decirle al régimen de Irán que continuar almacenando uranio poco enriquecido en desacuerdo con los controles internacionales y sufrir verdaderas sanciones económicas podría amenazar su supervivencia más de lo que podría ayudar.
El 1° de octubre, William Burns, el Subsecretario de Estado de los EE.UU., se unirá a diplomáticos de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia y China para discutir con el negociador jefe de Irán la cuestión nuclear, para verificar si es posible algún acuerdo.
Aunque sean necesarias sanciones reales para explorar este momento, ellas no son suficientes. Tampoco necesitamos mantener viva la perspectiva de que Israel pueda hacer alguna locura. No soy a favor de la acción militar de Israel y espero que digamos eso a Israel privadamente. Sin embargo, creo que las autoridades de los EE.UU., particularmente el Secretario de Defensa, Robert Gates, necesitan parar de decir eso en público. Gates entiende mucho de juegos de poder. Él sabe cómo hacerlo. Si le pedimos su opinión a cualquier autoridad de los EE.UU. sobre si Israel debería tener autorización para atacar las instalaciones nucleares de Irán, habrá solamente una respuesta segura: ellos deben aludir al comentario del vicepresidente Dick Cheney, en 2005, de que Israel "puede decidir actuar primero" para evitar que Irán obtenga armas nucleares, y nada más. ¿Por qué deberíamos tranquilizar a Irán?
Espero que las enérgicas medidas homicidas tomadas contra el movimiento de democracia en masa de Irán por el cartel dominante del país, financiado por el petróleo, ya hayan removido las últimas vendas de los ojos de los observadores iraníes que piensan que este es simplemente un régimen pobre y mal interpretado, que realmente desea reparar sus relaciones con el Occidente, y que sólo debemos aprender a cómo hablar con él apropiadamente. Este es un régimen brutal, cínico, corrupto y antisemita, que explora la causa Palestina y deliberadamente mantiene una postura hostil con relación al Occidente para justificar su apego al poder. Un régimen que se relaciona con su propio pueblo con una fuerza de tal forma coercitiva nunca será cordialmente convencido a dejar su programa nuclear. Negociar con tal régimen sin la realidad de las sanciones y la posibilidad de uso de la fuerza es como jugar baseball sin un bate.
A los EE.UU. se les está aconsejando explotar una variedad de sanciones, inclusive incentivar la fuga de capital de Irán, creando, así, un debilitamiento de la moneda iraní. Los EE.UU. también están considerando una prohibición global de empresas que tengan negocios con la industria petrolífera de Irán, que podría ser un duro golpe al régimen, ya que su industria petrolífera -que responde por la vasta mayoría de los ingresos del gobierno- necesita ser modernizada y eso requiere recursos tecnológicos y financieros extranjeros.
Al mejorar las relaciones con Rusia, el Presidente Barack Obama hizo un buen trabajo para aumentar su poder de negociación con Irán, pero con el inicio de las negociaciones hay otra dimensión que tenemos que mantener en mente: los oficiales del gobierno Obama necesitan ser cuidadosos para no decir que todo lo que les importa a ellos es un acuerdo que neutralice las armas nucleares de Irán, y que, si consiguen eso, no tendrán problemas con aquellos que estén en el poder en Teherán. Eso sería ignorar a los demócratas iraníes. Ahí la situación se puede complicar.
"El gobierno Obama debe pensar sobre cómo llegar a un acuerdo con un régimen deshonrado, que presenta desafíos de seguridad nacional urgentes, y al mismo tiempo no traicionar un movimiento democrático cuyo éxito puede tener implicaciones muy positivas para los EE.UU.", dijo Sadjadpour.
"Si nos negamos a ser voceros de los derechos humanos", él afirmó, "nuestro mensaje al pueblo iraní será: 'Ustedes no nos importan. Todo lo que nos interesa son las armas nucleares'. En última instancia, son los propios iraníes que necesitan cambiar su historia. No podemos desear eso más que ellos. Sin embargo, debe ser un imperativo de la política externa de los EE.UU. no hacer nada para detener el éxito del movimiento verde o alterar su trayectoria. No podemos olvidar que el problema subyacente que tenemos con Irán tiene más que ver con el carácter de su régimen que con sus ambiciones nucleares".
Terra Magazine