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Max Baucus y el límite

The New York Times
Paul Krugman

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El senador Max Baucus, presidente del Comité de Finanzas del Senado, finalmente divulgó su "versión" de la legislación propuesta -lo que normalmente sería la base para el proyecto de ley que al final saldrá de su comité- y los más grandes defensores de la reforma de la salud en breve tendrán que encarar su momento de la verdad.

Hace mucho ya se sabe que no importa cuál el proyecto de reforma de la salud venga a ser presentado, él quedará muy limitativo de las esperanzas de los reformistas. Pero inclusive un proyecto de ley malo sería mucho mejor que nada. La cuestión es: ¿cuál es el límite? ¿Hasta dónde un proyecto es aceptable lo suficiente para que se vote en él?

Bien, en realidad el momento de la verdad todavía no llegó: Hay muchas cosas malas en la propuesta de Baucus, de la forma como está, para volverla inviable e inaceptable, aún así la versión de Baucus es mejor de lo que estábamos esperando. Si ella sirve como base para una negociación que resultara en un plan más fuerte, y no más débil, los reformistas tendrán que tomar algunas decisiones verdaderamente difíciles sobre con qué grado de desilusión ellos tendrán que vivir.

Claro, aquellos que insisten en la propuesta del sistema único -como un Medicare para todos- no aceptarán cualquier plan que intente persuadir y coaccionar los planes de salud privados a darles cobertura a todos. Pero, a pesar de muchos reformistas, incluyéndome, preferir un sistema único si empezásemos de la estaca cero, la experiencia en otros países muestra que no necesita ser necesariamente así. Varios países europeos, incluyendo Suiza y Holanda, consiguieron la cobertura universal con un sistema de convenios privados en casi su totalidad.

Y aquí mismo, en los Estados Unidos, tenemos el ejemplo de la reforma de la salud en el estado de Massachusetts, cuyas virtudes están, en gran parte, incluidas en el plan de Baucus. El sistema de Massachusetts, implantado hace tres años, tiene muchos problemas. Pero como lo dice el nuevo informe del Instituto Urban, él "conquistó mucho de los pretendía: casi todos los adultos del estado tienen un plan de salud". Si consiguiéramos realizar lo mismo para todo el país, incluso con un plan lejos del ideal, ya sería un gran avance con relación a lo que tenemos ahora.

O sea, cualquier cosa parecida con el plan de Baucus ya sería aceptable. Pero los detalles hacen la diferencia. Sólo que la mala noticia es que el plan, de lo forma como está, es inadecuado por tres motivos.

En primer lugar, es un intento con la llamada "obligación del empleador". La mayoría de los planes de reforma incluye la exigencia de que grandes empleadores ofrezcan cobertura de salud a los empleados o contribuyan con un fondo que ayudaría a esos trabajadores a pagar por un plan por cuenta propia. Baucus, sin embargo, intenta alienar los valores pagados por cada empleador a los subsidios que sus propios empleados acaban recibiendo.

Es una pésima idea. Como apunta el Centro para Presupuestos y Políticas Prioritarias, eso dejaría las empresas menos propensas a contratar trabajadores de familias de baja renta, y también podría crear una pesadilla burocrática. Este artículo debe ser eliminado y sustituido por una regla simple más simple, que el empleador paga u ofrece el seguro de salud.

En segundo lugar, el plan llega a ser avaro en lo que se refiere a la ayuda financiera. Las familias de clase media baja, en especial, acabarían pagando mucho más a los planes de salud de lo que pagan ahora con el plan de Massachusetts, sugiriendo que para muchas personas, los planes de salud, en la práctica, seguirían demasiado caros. Arreglar esa parte requiere más dinero de lo que sugiere la propuesta de Baucus.

En tercer lugar, el plan no crea una competencia verdadera en el mercado de seguros. Para crear competencia es necesario ofrecer una opción pública, un plan administrado por el gobierno, que los individuos puedan comprar como alternativa a los planes privados. El plan de Baucus, en vez de eso, ofrece una falsa alternativa, cooperativas de seguro sin fines lucrativos, e imponen tantas restricciones a esas cooperativas que, según la Secretaría de Presupuesto del Congreso, ellas "difícilmente representarán una presencia de mercado significativa en muchas regiones del país".

La industria de los convenios, claro, ama al plan de Baucus. ¿Hace falta decir algo más?

El hecho es que ese plan debe cambiar. Lo que importa ahora es la dirección hacia dónde cambiará.

Sería desastroso si sucediera con el sistema de salud lo mismo que sucedió con el plan de estímulos este año. Usted debe recordar que el plan de estímulo -que era obviamente muy débil- quedó más debilitado todavía cuando recibió el apoyo de tres senadores republicanos. En el caso de que sucediera lo mismo con la reforma de la salud, los progresistas tienen el derecho y el deber de abandonarlo.

Pero tal vez las cosas caminen en otra dirección, y Baucus (además de toda la Casa Blanca), logre por lo menos escuchar las preocupaciones progresistas, lo que podrá fortalecer el proyecto.

Incluso si el plan de Baucus mejora, lo que saldrá de él será una reforma que pocos reformistas podrán amar. ¿Sería ella, entonces, una legislación que sobrepasaría el límite de lo aceptable, a favor de la cual podrían ellos votar? Veremos.

Paul Krugman es economista, profesor de la Universidad de Princeton y columnista de The New York Times. Fue galardonado con el premio Nobel de economía de 2008. Artículo distribuido por The New York Times News Service.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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