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Corea del Norte: no vamos a empeorar las cosas

The New York Times
Mikhail Gorbachev.

Mikhail Gorbachev
De The New York Times

Las noticias sobre la prueba nuclear en Corea del Norte, el 25 de mayo, me llegaron cuando yo estaba visitando la zona desmilitarizada en la península coreana. Me invitaron a la ceremonia de inauguración de una campana de la paz en el paralelo 38, la línea de tregua donde las hostilidades entre Corea del Norte y del Sur cesaron en 1953.

En una rueda de prensa esa mañana, durante mis discusiones particulares, las noticias recientes naturalmente pasaron a ser el tópico principal.

Al oír a los surcoreanos, sentí que estaban asustados y preocupados con su propia seguridad y también con la situación en Corea del Norte. Vi una simpatía profunda y sincera por sus compatriotas del otro lado de la frontera, y su esperanza creciente de una posible reunificación.

No había pánico. La atmósfera era muy emotiva, lógico, y todos hablaban con mucha ansiedad sobre lo que sucedería en seguida.

Hace sólo algunos meses, parecía que la historia tomaría rumbos diferentes. En febrero de 2007, Corea del Norte concordó en cerrar su principal reactor nuclear en Yongbyon. En junio de 2008, el reactor fue parcialmente desactivado y los canales de televisión de todo el mundo mostraron la implosión de su torre de enfriamiento.

Corea del Norte le dio a Estados Unidos y a China nada menos que 18.000 páginas de documentos sobre los progresos de su programa nuclear desde 1990. Las Naciones Unidas tuvieron acceso a todas sus instalaciones nucleares. La posibilidad de una península coreana libre de armas nucleares parecía cada vez más cercana.

Entonces, de repente, vino el retroceso el año pasado. Les negaron el acceso a los inspectores y la desactivación del reactor fue suspendida. Esta primavera, Corea del Norte se retiró del diálogo con Estados Unidos, China, Rusia, Japón y República de Corea, en el grupo de los seis. Ahora hizo su segunda prueba nuclear -la primera fue en octubre de 2006- y durante la prueba disparó seis mísiles en menos de una semana.

Los diplomáticos y los especialistas disienten en sus evaluaciones sobre lo que podría estar por detrás de ese cambio brusco. Algunos juzgan las acciones de Corea del Norte como irracionales; otros las ven como un intento de presionar a la comunidad internacional para que ayude más al pueblo sufridor del Norte y a su economía desorientada. También hay otros que sugieren que la lucha por el poder entre los líderes del país está cada vez más dura, debido a los problemas de salud de Kim Jong-il, el líder actual. En Corea del Sur, algunos creen que la línea dura asumida por el nuevo presidente con relación al Norte fue contraproducente.

Se debe pensar muy seriamente sobre eso. Repensando la situación, debemos tener muy claros nuestros objetivos. Uno de ellos es encontrar una forma de retomar un diálogo político y diplomático, especialmente con los seis países más poderosos. Se debe evitar la elección de una postura militarizada.

Japón ya escuchó estas elecciones, la prueba nuclear de Corea del Norte ya les dio un nuevo aliento a los proponentes de la remilitarización. Un respetado analista político japonés, Mamoru Sato, dijo que "en la esfera de la defensa, debemos tener tanto un escudo como una espada". Un subsecretario de defensa de Estados Unidos, Wallace Gregson, habría dicho que Estados Unidos estaba listo para apoyar a Japón en el caso de ataques preventivos a las bases enemigas. Incluso el tabú de la política posguerra japonesa -la renuncia a las armas nucleares- puede estar en riesgo.

Esos pasos sólo empeoran la situación. Presionarían a los de Corea del Norte a cometer más imprudencias y disminuirían el efecto de la reacción mundial a las pruebas nucleares, como se vio en la declaración asertiva hecha por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es bueno que Estados Unidos, Rusia, China y Europa hayan sido unánimes en su posición.

El Consejo de Seguridad está planificando acciones más concretas para destacar las posiciones tomadas por sus miembros. ¿Cuáles serán las medidas más correctas en esa situación? Ciertamente le tiene que quedar claro a Corea del Norte que su comportamiento tendrá consecuencias. Pero los que apuestan en la eficacia de las penas duras deben recordar dos cosas. Primero, el pueblo de Corea del Norte, que sufrió tremendamente en los últimos años, no debe ser tomado como rehén por un problema nuclear. Y segundo, el colapso de un estado con armas nucleares puede ser catastrófico.

Debemos buscar soluciones políticas. Sé por mi experiencia que las negociaciones de cuestiones nucleares requieren la mayor responsabilidad y un abordaje político constructivo.

Mucho dependerá de los miembros de los diálogos de los seis países, que todavía tienen canales de comunicación y cierta influencia sobre Corea del Norte. China mantiene relaciones con el Norte tanto a nivel gubernamental como partidario y ofrece una ayuda económica vital. Tiene todo el derecho y la razón de decirle a Pyongyang que dar continuidad a esas acciones puede ocasionar la ruina.

China bien que podría preguntar cosas como: ¿Dónde está esa "amenaza a la soberanía del país", tan frecuentemente invocada por Corea del Norte para justificar las pruebas y la actividad nuclear? Además de eso, ¿sería racional acusar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de "intenciones hostiles", insultando a China, a Rusia y a Europa, que tanto hicieron para darle a la península coreana la posibilidad de un futuro mejor?

Las últimas noticias de la región son asustadoras. Corea del Norte dijo que no se considera más limitada por el armisticio que le puso un fin a la lucha entre Corea del Norte y del Sur. El país lanzó, por lo menos, seis misiles más desde la segunda prueba nuclear. Y ahora puede estar preparándose para probar un misil intercontinental. Las tropas americanas y surcoreanas fueron puestas en la mayor alerta de los últimos tres años.

Reaccionar a la cuestión con la lógica de represalia de la Guerra Fría podría ponernos en una cuerda floja, con consecuencias imprevisibles.

El arte de la política no es transformar un problema en una amenaza ni una amenaza en un conflicto armado. Eso se hace cristalino cuando visitamos la región y charlamos con el pueblo que está directamente afectado por la situación. Para ellos, las cuestiones no son hipotéticas o abstractas. Ellos están en lo correcto cuando dicen que debemos hacer de todo para intentar restaurar el diálogo nuevamente -un diálogo que un día puede resolver esta y otras cuestiones en la región.

Mikhail Gorbachev fue líder de la antigua Unión Soviética desde 1985 hasta su colapso en 1991. Galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1990, él actualmente es el presidente de la Internacional Foundation for Socio-Economic and Political Studies (Fundación Gorbachev). Artículo distribuido por The New York Times Syndicate.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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