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Perdiendo el progreso de vista

The New York Times
Christopher Hitchens

Christopher Hitchens
De The New York Times

Es muy raro tener un pensamiento completamente nuevo sobre un asunto conocido, más difícil todavía es llegar a una conclusión original sobre un asunto altamente contestado. Entonces, cuando tuve un raro momento de epifanía hace algunas noches, mi primer instinto fue justamente no confiar en mi primer instinto.

Para resumir la historia, estaba mirando el increíble serial de televisión Planet Earth (con escenas de la naturaleza tan impresionantes que redefinieron ese tipo de programa), cuando me encontré con el segmento sobre la vida subterránea. Las cavernas y los ríos subterráneos del mundo son algunas de nuestras fronteras todavía inexploradas y algunos descubrimientos hechos en México y en Indonesia son suficientes para impresionar.

Encontraron varias criaturas viviendo lejos de la luz y, por lo que pude ver cuando la cámara se acercó, noté que algunas salamandras en especial tenían rostros típicos. En otras palabras, tenían boca, hocicos y ojos dispuestos como los animales en general.

En el lugar de los ojos, sin embargo, había sólo pequeñas cavidades. Mientras pensaba sobre las posibles implicaciones de la ausencia de ojos, la voz del narrador, Sir David Attenborough, informaba cuántos millones de años fueron necesarios para que esas criaturas del submundo perdieran los ojos.

Si usted acompaña la eterna discusión entre los seguidores de la teoría de la selección natural de Darwin y los partidarios del creacionismo, o "diseño inteligente", ya debe saber dónde terminará este asunto. Los creacionistas (voy a denominarlos así, porque es su nombre de derecho, así no uso el término irritante "inteligente") normalmente hablan de los ojos de forma un tanto oblicua. Preguntan: ¿Cómo podría un organismo tan sofisticado llegar a la magnificencia y versatilidad que tiene hoy sólo pasando por los niveles obtusos de la evolución?

El problema fue formulado de forma más clara por el propio Darwin en su ensayo Órganos de Perfección y Complicación Extremadas: "Admito que suponer que el ojo, con todas sus formas inimitables de ajuste de enfoque para distancias diferentes, su tolerancia a distintas cantidades de luz, su corrección esférica y aberración cromática, sea el resultado de la selección natural puede parecer un absurdo impensable".

Sus defensores, como Michael Shermer en su excelente libro Why Darwin Matters (¿Por qué es importante Darwin?) hablaron sobre los avances de la ciencia posdarwinianos. No se basan en lo que se puede llamar de fatalidad ciega: "La evolución también sugiere que los organismos modernos deben presentar una variedad de estructuras, desde las más simples hasta las más complejas, reflejando su historia de la evolución y no una creación instantánea. El ojo humano, por ejemplo, es el resultado de un histórico largo y complejo que tardó cientos de miles de años. Inicialmente, un simple punto ocular con algunas células sensibles a la luz le suministraba informaciones al organismo sobre una importante fuente de luz...".

Espere un poco, dice Ann Coulter, en su libro ridículo llamado Godless: The Church of Liberalism. (Sin Dios: La Iglesia del Liberalismo) La pregunta que interesa no es: ¿Cómo un ojo primitivo se transforma en un ojo complejo? El tema que nos interesa es: ¿Cómo surgieron "las células sensibles a la luz"?

Las salamandras del serial Planet Earth le enseñaron a este desconocedor que les escribe la respuesta para esa pregunta. Los humanos estamos prácticamente programados para pensar en términos de progreso y en curvas graduales y crecientes, incluso cuando nos vemos confrontados con las pruebas de que en el pasado mucha cosa "involucionó" en las especies, de la misma forma que evolucionó. Por lo tanto, incluso Shermer no se priva de hablar sobre un "camino" que implícitamente sigue adelante.

Pero, ¿cómo quedan las criaturas que tomaron la dirección opuesta, de complejas a primitivas en el sentido de la visión, y acabaron perdiendo los ojos que ya tenían?

Si alguien se beneficiaría con esta pregunta, ciertamente no sería Coulter ni sus compañeros del centro creacionista Discovery Institute. Lo máximo que pueden decir es "Dios da, Dios quita". La plausibilidad de la ceguera de las salamandras subterráneas parece ser otro aspecto de la selección natural, cuando nos ponemos a pensar, prácticamente incontestable.

Le escribí al profesor Richard Dawkins para preguntarle si mi constatación se aproxima a la verdad y me contestó: "Los ojos vestigiales, por ejemplo, son pruebas claras de que esas salamandras de la caverna deben haber tenido ancestrales diferentes de ellas, que tenían ojos. Eso es evolución. ¿Por qué crearía Dios salamandras con sólo vestigios de ojos? ¿Si quisiera de hecho crear salamandras ciegas, porque no sólo crearlas sin ojos ni cavidades? ¿Por qué darles ojos de mentira que no funcionan y que aparentan un pasado genético diferente? Tal vez su conclusión sea un poco diferente, en ese caso, creo que nunca había leído algo parecido".

Les recomiendo que lean el capítulo sobre los ojos y sus diferentes formaciones en el libro Climbing Mount Improbable (Escalando el Monte Improbable) de Dawkins; además de The Blind Cave Fish's Tale (el Cuento del Pez Ciego de las Cavernas) en su colección The Ancestor's Tale (El Cuento del Ancestral).

No tengo capacidad de complementar con informaciones sobre la formación de las células de luz, puntos oculares y lentes, pero creo que hay una utilidad dialéctica en abordar los argumentos convencionales también de forma opuesta. Por ejemplo, la vieja pregunta existencial "¿Por qué hay algo en vez de nada?" ahora se puede contraponer a los descubrimientos del profesor Laurence Krauss y otros, sobre el descubrimiento de la muerte térmica del universo, la entropía máxima, que muestra que la tasa de expansión explosiva del universo está aumentando, y la colisión de nuestra galaxia con Andrómeda ya se puede notar en el cielo estrellado.

Entonces, se puede y se debe hacer de nuevo la pregunta: "¿Por qué nuestro breve 'algo' será sustituido por nada?" Es sólo cuando logramos cuestionar nuestra creencia en la progresión lineal y aceptar la existencia de varias recesiones, por las cuales todos pasamos y vamos a pasar, que podemos entonces entender la estupidez de quien coloca su fe en la divina providencia y en la creación de Dios.

Christopher Hitchens es columnista de la revista Vanity Fair y de Slate Magazine (www.slate.com), donde la columna FIGHTING WORDS aparece originalmente. Hitchens ha enviado reportajes desde más de 60 países y ha escrito más de una docena de libros. Los trabajos de Hithcnes han sido también publicados de manera regular en The Atlantic, The New York Times Book Review, Harper's, Newsweek International y The New York Review of Books. Es autor de "Thomas Jefferson: Author of America", publicado por Atlas Books. Su último libro es "God Is Not Great: How Religion Poisons Everything" (Twelve). Artículo distribuido por The New york Times Syndicate.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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