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La Bioriqueza

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"Brasil es reconocido internacionalmente por el desarrollo de investigaciones genéticas. Pero, nuestro esfuerzo científico todavía no está direccionado hacia nuestra biodiversidad" dice Silva.

Marina Silva
Brasilia, Brasil

Brasil abriga la mayor biodiversidad del planeta. Y eso no se debe apenas a nuestra extensión territorial, sino también a la diversidad de ecosistemas, algunos de ellos con un alto grado de conservación. Infelizmente, lo más probable es que esa mega biodiversidad, poco explorada por nosotros, nunca sea conocida totalmente, no sólo por su complejidad y magnitud, sino también por el proceso humano de destrucción de la naturaleza.

Aquí en Terra Magazine ya escribí una vez - "Hombre y la naturaleza en coautoría" - sobre cómo me impresionó el trabajo de Janine Benyus, una científica americana especialista en bio-mimetismo. La bio-mimética es la ciencia que muchos consideran el inicio de la tercera revolución humana, después del descubrimiento del fuego y de la revolución industrial. Ella nada mas hace que estudiar y tratar de replicar artificialmente lo que ya existe como solución en la naturaleza.

El ejemplo más citado es el desarrollo del velcro, que apareció de un paseo en el campo, cuando su inventor, el ingeniero suizo Georges de Mestral, observó cómo era difícil retirar algunos cardos presos en su pantalón y en el pelo de su perro.

Por eso no fue con sorpresa que leí sobre un ejemplo más de cómo la ciencia encuentra en la naturaleza respuestas y soluciones para sus desafíos. Me refiero al descubrimiento de científicos de la Universidad de Utah, en los Estados Unidos. Ellos creen haber encontrado en el cascarón de un escarabajo que sólo existe en Brasil, el Lamprocyphus Augustus, el modelo ideal de cristal fotónico. Ese cristal es esencial para la construcción de circuitos electrónicos que manipulen datos por medio de luz (fotones), en vez de cargas eléctricas (electrones). Los científicos esperan ahora reproducir artificialmente esa característica del escarabajo.

El descubrimiento puede ser la llave de los computadores ópticos, como dijo Michael Bartl, coordinador del equipo, en la Physical Review: "Parece que una criatura simple como un escarabajo nos dio una de las estructuras más buscadas para equipar la próxima generación de computadores".

Aún delante de la importancia del hallazgo, mi sentimiento fue de indignación, al ver una vez más nuestras riquezas biológicas siendo apoderadas por otras naciones. Eso, porque los científicos americanos no obtuvieron el escarabajo por medio del mecanismo adecuado de acceso a los componentes de nuestra biodiversidad, conforme los preceptos establecidos en la esfera de la Convención de la Diversidad Biológica. Al final, el documento - que prevé la justa distribución de beneficios para el país de origen de los recursos - aún no fue ratificado por los Estados Unidos. Los científicos simplemente encomendaron el escarabajo a un vendedor de Bélgica, por el internet.

Además, no es difícil prever la rentabilidad de una tecnología como esta. Seguramente mucho mayor que la economía ilegal practicada en la Amazonia a cuesta de la destrucción de la floresta. ¿Cuántos tesoros, en este momento, están siendo transformados en cenizas para transformarse en pasto o para a retirada irregular de madera?

Son casos como esos -e, infelizmente, otros millares no son divulgados - que nos muestran la urgencia de acelerar los cambios legales e institucionales necesarios para la utilización de nuestra biodiversidad de manera responsable, sostenible y rentable, teniendo en cuenta los intereses de toda la sociedad, especialmente de las comunidades tradicionales, que tienen conocimientos asociados.

Durante la Eco 92, en Rio de Janeiro, la biodiversidad ganó el espacio privilegiado de la negociación política y económica con la elaboración de la Convención sobre Diversidad Biológica. Pero, pasados 15 años de la aprobación de la Convención por el Congreso Nacional, no avanzamos satisfactoriamente en su reglamentación. En 1995 presenté un proyecto de ley con ese objetivo. Desde 1998 está parado en la Cámara. El Ministerio del Medio Ambiente hizo una nueva tentativa en 2003, que no fructificó.

También necesitamos avanzar en los aspectos institucionales. Brasil es reconocido internacionalmente por el desarrollo de investigaciones genéticas. Pero, nuestro esfuerzo científico todavía no está direccionado para los recursos genéticos de nuestra biodiversidad. Las instituciones científicas en la Amazonia todavía poseen relativamente pocos científicos. Preocupada con eso, la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) realizo, hace dos semanas, su reunión anual en Manaos, con el tema "Amazonia: Ciencia y Cultura".

Brasil no puede esperar más. Sus biomas sufren con toda suerte de presión económica, en la lógica destructiva y predatoria de un viejo modelo de desarrollo. Al mismo tiempo, la ciencia no para, y de una forma u otra, con o sin la participación brasileña, utilizará los abundantes recursos de nuestra naturaleza para desarrollar tecnologías con alta capacidad de generar riqueza y renta.

Si no tenemos la capacidad para dar las respuestas correctas, con un marco legal que incentive a pesquisa, con instituciones competentes, que resguarden los derechos de la sociedad, no tendremos cómo hacer una transición para el nuevo modelo de desarrollo que valoriza, protege y genera beneficios económicos y socio-ambientales para el país.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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