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La verdadera riqueza

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Según Silva, la OMC ya reconoce el valor de la sustentabilidad ambiental. Tema que ganó espacio en el Development Ministers' Meeting, del G8 (en la foto).

Marina Silva
Brasilia D.F.

Los cambios climáticos dejaron de ser un asunto restringido a los científicos, ambientalistas y a quienes buscan adoptar una postura ecológicamente correcta. Llegaron a la esfera de la economía y del comercio, que normalmente están inmunes a todo lo que no genere ganancia. Se descubrió lo obvio: el medio ambiente forma parte del juego económico. Ignorarlo es perder.

La Organización Mundial de Comercio (OMC) ya reconoce que la economía global se verá duramente afectada por los cambios climáticos. La tesis está en el reciente estudio "Comercio y Cambio Climático", realizado junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). El informe prevé la tasación de mercancías originales de naciones que no reduzcan sus emisiones de gases del efecto invernadero. Sería una manera de evitar que beneficios climáticos obtenidos con el corte de la emisión de algunos países sean anulados por la importación de productos más baratos de otros países que no hacen su parte.

Se trata de un paso positivo. El modelo predatorio y ambientalmente irresponsable de desarrollo queda cada vez más anacrónico. Es un cambio de paradigma, como lo fue, hace más de un siglo, la eliminación del trabajo esclavo.

Cuando, poco a poco, los países comenzaron a condenar la esclavitud, muchas y muy poderosas voces se alzaron proclamando el colapso económico, el caos social, el descenso de la producción y las pérdidas "inaceptables" para los propietarios de los esclavos. Actualmente, esos argumentos suenan vergonzosos, deshumanos y, claro, antieconómicos. La historia demostró que, al librar de la esclavitud a cientos de miles de personas, el mundo pudo generar más riqueza en condiciones mucho más aceptables.

La tesis de las pérdidas "inaceptables" sigue siendo defendida, ahora con relación a la protección ambiental, pero, paradójicamente, el pragmatismo de quienes se aferran solamente al cálculo económico los llevará a la necesidad de buscar la sostenibilidad socioambiental. Pues quedará evidente que la riqueza es superior al crecimiento del PIB. La garantía del PIB del futuro es la preservación de la naturaleza, que también es un activo económico.

Sin embargo, ese avance importante en el mundo de la economía no se puede transformar en una estrategia para pasarles la carga a los países pobres, como solemos ver. Los países ricos, con economías "hipercarbonizadas", también deben responder por las emisiones de sus industrias de punta. La regla debe ser la misma para todos, según el principio de las responsabilidades diferenciadas. Es necesario recordar que, antes de ser un elemento más en el análisis económico, cuidar el medio ambiente es un compromiso ético, de respeto hacia el planeta y hacia la calidad de vida de las actuales y futuras generaciones.

Marina Silva es profesora de secundaria de Historia, senadora por el PT (Partido de los Trabajadores) de Acre y ex ministra del Medio Ambiente.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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