
|
Getty Images
Durante 45 años, los gobiernos convirtieron la lucha contra la guerrilla en urgencia nacional. Las Fuerzas armadas se duplicaron en los últimos 7 años, el gasto militar se ha comido 6 puntos del PIB.
|
Javier Darío Restrepo
Bogotá, Colombia
El presente y el futuro de Colombia están atados a ese dilema. En las filas de la guerrilla se cree que un día el Secretariado entrará victorioso a Bogotá, como los barbudos de Castro llegaron a la Habana, o los sandinistas a Managua. A ese sueño guerrillero corresponde el de los militares y políticos que esperan exhibir como cadáveres o como prisioneros a los líderes guerrilleros, tras una victoria fulminante de las fuerzas del orden.
Durante 45 años esos dos sueños han alimentado una confrontación a la vez estéril y sangrienta que, además, ha impuesto un freno al progreso nacional. Pero, de veras, ¿qué le sucedería a Colombia si las Farc llegaran al poder?
Confieso que esa pregunta me persiguió durante un reciente vuelo desde Caracas y se acentuó cuando en el avión abrí la primera página del diario El Nacional en donde aparecían, cubriendo todo el ancho de la página y la parte superior de la hoja: "Canales internacionales serán obligados a transmitir las cadenas presidenciales." El ministro Cabello "anunció que la TV por cable será supervisada por el gobierno." "18 cadenas de radio desaparecerán. " Sólo podrá haber cadenas de tres emisoras... Las radios que incumplan pasarán a la Asamblea Nacional y a los consejos comunales." Y como noticia final, las protestas del Colegio Nacional y del Sindicato de Trabajadores de la prensa.
Al leer los comentarios y recordar mis conversaciones con los colegas venezolanos el día anterior, percibía un grupo humano que se movía entre la incertidumbre por su futuro, el estrés de una oposición apasionada, como todo lo que gravita en el filo entre la libertad y la tiranía; o la agonía batalladora de los que actúan convencidos de que registran y a la vez hacen una nueva historia. ¿Ese es el estado en que quedaríamos el día del triunfo de las Farc?
No es una simple especulación. Tras las victorias de la izquierda en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua; a las que podrían agregarse las de Paraguay, Uruguay y Brasil, y la de Honduras, que estuvo a punto de fraguarse, hay una expectativa creciente sobre Colombia que, integrada a los países del Alba, representaría un hito en la revolución bolivariana-.
Pero ¿cambiaría en algo nuestra vida, con ese viraje? Al mirar el proceso que se está viviendo en Venezuela, en donde los niveles de pobreza no han descendido y la criminalidad ha aumentado (1448 asesinatos este año en Caracas que, según las proyecciones, llegarán a 3000 al finalizar diciembre) y todo esto a pesar de la creciente militarización del país y de unos publicitados programas de inversión social, es inevitable pensar que muy semejante sería el desarrollo de la revolución de las Farc en el poder.
Es un hecho que la vida de los más pobres, que el desarrollo de la economía, que el respeto y vigencia de los derechos humanos no cambiarían. O como en el Gatopardo, todo cambiaría para seguir igual. Usted sentirá desazón si hace el ejercicio de mirar como políticas de estado de las Farc, sus normas aplicadas en los territorios sometidos a sus armas. ¿Por qué habría de ser diferente su manejo de los asuntos públicos en una hipotética asunción del poder?
Así como ha sucedido en países con revoluciones triunfantes - ahí están para comprobarlo Nicaragua, Cuba y Bolivia- es de temer que una victoria de las Farc no tenga mejores resultados para las crecientes masas de pobres, ni para los tres millones de desplazados, ni para los disparados índices de criminalidad, ni para las imparables cifras de desempleo. Vistas así las cosas, las Farc no son una solución.
Tampoco lo sería una victoria sobre ellas, con aniquilación o captura del Secretariado en pleno. Ocurrió así con las autodefensas ; el resultado ha sido la multiplicación y radicalización de los asesinos.
Durante 45 años, gobierno tras gobierno han convertido la lucha contra la guerrilla en la primera urgencia nacional. Las Fuerzas armadas se han duplicado en los últimos siete años, el gasto militar se ha comido seis puntos del PIB y lo que comenzó bajo la tutoría de Estados Unidos en Marquetalia, hoy continúa con el Plan Colombia y la sofisticada tecnología que hizo posible la Operación Jaque. Recursos, actividades, creatividad que se hubieran podido aplicar a objetivos de mejoramiento social, de desarrollo y de progreso, se han concentrado en la inútil tarea de buscar una victoria imposible.
En una lúcida columna (El Tiempo, 14-07-09) Claudia López reflexiona: "La guerrilla está lejos de ser el principal desafío estratégico de Colombia." "Es mucho más crítico comprometer a las élites para que dejen de usar sus ejércitos privados, o de usar la fuerza pública de manera ilegítima. Nuestro principal obstáculo no es la guerrilla sino la acción corrupta y criminal de elites que posan de legales." En efecto, más dañina ha sido esa fuerza silenciosa y solapada de las clases empeñadas en conservar y aumentar sus privilegios.
Si ni la guerra contra las Farc, ni una victoria de las armas oficiales cambiarían el rumbo de nuestra historia, ¿cómo se explica la persistencia del sueño triunfalista de guerrilleros y gobiernos? En el momento presente, ¿Una venganza personal del presidente, aún atado al momento de la muerte de su padre? ¿Una frustración de cuerpo, de unas fuerzas armadas puestas en jaque durante 45 años?
Ojalá sean explicaciones equivocadas, porque lo cierto es que esos sueños de victorias imposibles de la guerrilla y del ejército, le han robado 45 años de progreso a Colombia.
Terra Magazine