| Los lunares son pequeños crecimientos en la piel que se forman a partir de células productoras de pigmento de la piel llamadas melanocitos. Generalmente, aparecen como manchas de color marrón oscuro en la piel que pueden ser planas o elevadas.
Casi todas las personas tienen lunares con diferente aspecto, color, tamaño y forma. Pueden aparecer a cualquier edad, aunque la mayoría lo hace durante los primeros veinte años de vida.
En los adultos, si bien pueden seguir apareciendo lunares, muchos de ellos se pueden achicar e incluso desaparecer con el paso del tiempo.
La mayoría de las personas tiene lunares benignos, los que son inofensivos. Los lunares que se vuelven atípicos pueden eventualmente transformarse en melanomas malignos, una forma de cáncer de la piel.
Control
Los lunares tienen que ser controlados por el dermatólogo una vez al año. Esto posibilita que si existe algún lunar maligno sea detectado tempranamente. Quienes presentan más riesgos de tener cáncer de piel o se exponen más frecuentemente al sol, deben hacerlo más seguido.
Además es importante revisar los lunares cada dos meses. Un autoexamen de la piel se debe hacer sin ropa, en una habitación bien iluminada que tenga un espejo de pared y con un espejo de mano.
El objetivo de este examen es darse cuenta si se produjo algún cambio en los lunares, o si apareció algún lunar de determinadas características para consultar al dermatólogo.
Para esto se debe examinar la zona anterior y posterior del cuerpo frente al espejo y con los brazos levantados observar los costados, así como las axilas, los antebrazos, los brazos, la palma de las manos y entre los dedos.
También se debe mirar la parte de adelante y la de atrás de las piernas, la planta de los pies y entre los dedos. Luego con el espejo de mano se observa el cuero cabelludo separando los pelos, y finalmente la zona glútea y la genital.
Indicios de alerta
Asimetría
Bordes irregulares o mal definido
Distintos colores dentro del lunar, que con frecuencia incluyen el negro
Más de 6 milímetros de diámetro
Cambio repentino en el tamaño, color, forma, textura o sensación
Superficie con descamación, secreción de líquido o sangramiento
Picazón, sensibilidad o dolor.
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