
El belga Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) desde 2001, solicita sin rivales un nuevo mandato de cuatro años que le permita "estabilizar" los logros de su reinado sobre todo en materia de juventud, lucha antidopaje y edad dorada de los Juegos Olímpicos.
En ese sentido, su discurso en el cierre del XIII Congreso Olímpico el lunes en Copenhague fue tanto un balance como un programa.
"Resistamos al peligro de unos Juegos demasiado grandes y demasiado complejos. Sigamos persiguiendo sin cesar a los tramposos con una política antidopaje eficaz", pedía el presidente de 67 años, al que los 106 delegados del COI ratificarán el viernes en un plebiscito sin suspense.
Para el ex jugador de rugby belga, además de las prioridades consensuadas, lo más urgente es el éxito de su "bebé", los Juegos Olímpicos de la Juventud (JOJ), cuya creación impuso en 2007 y cuya primera edición se disputará en Singapur en agosto de 2010.
Aunque la filosofía del proyecto - "preservar a los jóvenes de la inactividad y de la obesidad" - no provoca reserva alguna en el COI, su realización y su éxito de público crean escépticos.
Esos Juegos costarán dinero al COI, al contrario que los otros. Pero Rogge puede permitirse ese delirio.
Heredero de una institución próspera gracias a los subsidios de multinacionales y televisiones, el belga supo mantener su situación floreciente, a veces por encima de las expectativas, como en este último año, marcado por la crisis. Tanto que acumula el tesoro de 310 millones de euros.
Sucesor del español Juan Antonio Samaranch, Jacques Rogge, cirujano de profesión, asumió el cargo en pleno escándalo de corrupción de Salt Lake City y se vio obligado a hacer una gran limpieza en el seno de la institución nada más llegar y a revisar ciertas reglas dudosas.
Esa imagen de limpieza ha marcado su mandato y sin duda le permitió superar, no sin dificultades, la crisis política internacional por la situación en el Tíbet antes de los Juegos de Pekín-2008.
Hoy, al frente de una organización más trasparente, Jacques Rogge también quiere hacerla más democrática integrando a más mujeres.
Aunque se niega a aumentar el tamaño de los Juegos, con 28 deportes y 10.500 deportistas como máximo, sí quiere "revisar constantemente el contenido" para adaptarlo a un público que espera que sea cada vez más joven.
Partidario de la entrada del golf y del rugby a VII en el programa olímpico, podrá juzgar su influencia entre los delegados del COI el viernes, después de su elección, cuando se pronuncien a favor o en contra de la presencia de esos dos deportes en los Juegos de Rio-2016.
Esa votación no tendrá en cualquier caso el mismo impacto en su imagen que la que presidió sin participar el viernes pasado, cuando Rio consiguió los primeros Juegos Olímpicos sudamericanos de la historia.
El presidente con fama de hombre de consenso quedará en los anales como el que apostó por Brasil, incluso aunque su peso sea menor que el de Samaranch, que ofreció en su época una oportunidad a la URSS o a China. En su próximo mandato, que será el último, intentará que esa apuesta sea un éxito dentro de siete años.
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AFP
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