Un Mundial en Sudáfrica no estaría completo sin Nelson Mandela, el héroe de la libertad elogiado en el mundo entero y que supo entender la importancia del deporte para promover la reconciliación en su país.
A medida que se acerca el inicio de la gran fiesta del fútbol el viernes, las presiones amistosas de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) y de las autoridades sudafricanas se han multiplicado para asegurar su presencia en la ceremonia de apertura.
El presidente de la FIFA, Sepp Blatter expresó su esperanza de que "el más carismático, el más grande de los humanistas vivos" esté en el estadio Soccer City.
Hasta el martes, su familia respondía que, a punto de cumplir los 92 años, no es muy razonable exponerle al frío del invierno austral para asistir a un partido de fútbol.
Finalmente, su nieto Nkosi Zwelivelile Mandela anunció que el primer presidente negro del país pasará al menos un cuarto de hora en el estadio antes del partido entre el equipo anfitrión de los Bafana Bafana y México.
Sudáfrica ganó la organización de esta primera Copa del Mundo en el continente en 2004, mucho después del final del mandato de Mandela (1994-1999), pero su figura fue un argumento de peso en su candidatura.
"Es gracias a sus esfuerzos infatigables en favor de la reconciliación y de la construcción de una nación arco-iris que el mundo otorgó a Sudáfrica el honor de organizar esta competición", afirmó el domingo el presidente Jacob Zuma.
"También se implicó personalmente para darnos este momento de gloria", añadió el jefe del Estado, en referencia al viaje de Mandela a Trinidad y Tobago para reunirse con el representante regional de la FIFA, Jack Warner, antes de que la organización anunciara su decisión sobre el Mundial 2010.
"Jack nos había dicho muy claramente que si queríamos su voto, Mandela tenía que ir al Caribe", relató después Irvin Khoza, responsable del Comité Local de Organización (LOC, por sus siglas en inglés) del Mundial.
Sin embargo, el Premio Nobel de la Paz ya tenía 85 años, 27 de los cuales había pasado en las prisiones del régimen racista, y su médico le había desaconsejado hacer el viaje.
Un mes más tarde, Mandela ignoraba de nuevo los consejos de su médico y volaba a Zurich para el anuncio del país sede del Mundial 2010 por parte de la FIFA.
"En el momento crítico, la presencia de Madiba fue un símbolo crucial", confirmó Verne Harris, historiador de la Fundanción Mandela.
Otro de los éxitos de Mandela fue haber utilizado el deporte para unir una nación, que sigue soportando las secuelas del Apartheid dieciséis años después de la caída del régimen segregacionista.
En 1995, se ganó el corazón de sus compatriotas blancos al ponerse la camiseta de los Springboks, el equipo insignia de sus antiguos opresores, cuando ganaron la Copa del Mundo de rugby.
"Creo que considera la final del Mundial 2010 en Sudáfrica como una nueva ocasión de reforzar los sentimientos nacionales en el país", añadió Harris.
Una convicción compartida por la asistente personal de Madiba, Zelda la Grange, que califica a su jefe de "gran estratega" político.
"Se dio cuenta que el deporte es un medio de llegar a las gentes más allá de las divisiones raciales y religiosas", dice, antes de añadir que "fue muy inteligente por su parte utilizar el rugby para convencer a la gente de su voluntad de reconciliación".
Y respecto a dar un poco de "magia Mandela" al Mundial de Fútbol: "creo que veremos una repetición de este magnánimo gesto durante la Copa del Mundo", sentenció.
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