| Reuters |
 |
| María Luisa Calle |
 |
|
|
|
|
Hace ocho días María Luisa Calle, en medio del delirio por el bronce olímpico, confesó desde Atenas, en su infinita timidez, que lo único que quería pedir con esta medalla era "una bicicleta propia para competir (la que tiene es de la Federación de Ciclismo), ojalá bien 'bacana', de fibra de carbono y marca Giant, como la que usa Santiago Botero".
Pero después del huracán desatado desde el domingo por el dopaje que le quitó el honor deportivo y la presea, ya no quiere tanto la bicicleta propia como no ser sancionada. Y volver a correr.
La apelación no le devolverá la medalla. Pero si comprueba científicamente que el estimulante ¿heptaminol¿ que la mandó al infierno fue una reacción de su organismo, como es su teoría, podrá defenderse.
Le quedan 17 de los 21 días para evitar la suspensión de la Unión Ciclista Internacional, que podría ir de seis meses a dos años.
Apoyo inesperado
Cuando el pasado lunes en la noche el último de tantos aviones que tomó María Luisa Calle desde Atenas se detuvo en su interminable viaje a su natal Medellín, su corazón se aceleró como nunca.
Detrás de la puerta de la aeronave no sabía cómo reaccionaría ese país por el que ha corrido en diferentes velódromos del planeta los últimos ocho años.
Pero los aplausos en la penúltima escala en Bogotá y el apoyo de Medellín le secaron las lágrimas y le hicieron recuperar el sueño perdido.
"Cuando llegué a mi conjunto residencial había una bonita pancarta en la que se leía: 'Eres nuestra medallista olímpica y nuestro orgullo'. Eso me hizo sentir bien. En la calle, la gente me da su apoyo¿ anotó la deportista.
Hoy, María Luisa Calle es más reconocida por la solidaridad que ha encontrado tras la noticia del dopaje que por sus años de pistera, donde la prueba de persecución individual era su especialidad y no la prueba por puntos, donde, paradójicamente, encontró la condena olímpica.
Pocos saben que tiene 35 años y no hay hijos en sus diez años de matrimonio con Andrés Jaramillo. Tampoco gusta de la cocina, pero un buen pastel de bocadillo no le puede faltar a diario.
Así se hizo deportista
"Estudió su bachillerato y de inmediato hizo su carrera de administradora de empresas agropecuarias. Tenía el ciclismo como algo recreativo, pero no era una de sus prioridades", contó la semana pasada su esposo, a quien María Luisa sorprendió al año de casados y decidió meterse de lleno al ciclismo.
Por eso comenzó en 1995 a competir en algunas carreras de ciclomontañismo. Y su pasión se desvió hacia el ciclismo, animada por su entrenador y amigo José Julián 'Chivo' Velásquez.
"Ella jamás ha cometido ningún acto de indisciplina, Y es sumamente juiciosa y reservada. ¿Sí se ha dado cuenta que hasta se parece a Santiago Botero en que no deja ver casi sus emociones", comentó Velásquez.
María Luisa, mientras tanto, seguirá recordando que los dos momentos más contrastantes de su vida los vivió en Atenas, y al lado de su entrenador. El mejor, cuando la levantó del piso, metros antes de la meta final en la prueba por puntos, y le dijo que era bronce olímpico. Y el peor, cuando tres días después, el propio Velásquez le llevó el documento que confirmaba una sustancia prohibida en su cuerpo.
"Quiero seguir compitiendo mientras que pueda. Y si me sancionan, pues seguiré entrenando y entrenando muy duro". María Luisa se despide. Solo le queda defenderse, por ahora.
|